domingo, 7 de julio de 2013

El día de la Pili

Bueno, como he decidido tomar las riendas de mi vida *drama*... está bien, las del blog, justo ahora, mientras una fiesta bakala está montada justo enfrente de mi ventana, quizás deba empezar por el inicio de los tiempos interesantes. O cómo tuve que huir en mitad de la noche de mi segundo piso de este año (si es que a alguien le interesa eso a estas alturas).

A cualquiera que le diga que he estado en tres pisos distintos en un mismo año pensará que la conflictiva soy yo. Y supongo que en cierta manera lo soy porque me meto en mi cuarto y no digo ni mu ni me interesa decirlo. Soy un búho y eso es algo que no gusta. Y cuando empiezo a percibir problemas, me vuelvo más huraña y no me gusta que la gente me hable amistosamente cuando no son amistosos, porque me obligan a responder con la misma amabilidad por educación y me siento hipócrita.

Aunque las últimas eran amor. Casi lloré cuando en el tercer piso comprobé que no había nombres escritos en las cosas, que nadie te espiaba ni salía de su cuarto cuando te escuchaba llegar para ver que hacías, ni se sentaba a tu lado cuando cogías el teléfono para enterarse de la conversación, ni te prohibían cerrar las puertas ni vivías con el miedo de que las cosas desapareciesen de la cocina...

  Diré en mi defensa en cuanto a esta paranoia que, salvo notables excepciones de personas amorosas (ellas saben quienes son, aunque a una no la veo desde final de primero), la gente con la que he vivido es cuando menos... excéntrica.

Y yo tengo un problema. Paso muy rápido del "No, si no es para tanto, no me importa, puedo vivir con ello" al "No lo soporto más" sin una transición lo suficientemente marcada. Así puedo limpiar la nevera que me dejó Pili llena de mierda, comprar todos los productos de limpieza por separado porque ella no quería compartir nada, encontrar mi cartón de leche aguado o soportar que las cosas desaparezcan de la cocina de repente porque sí sin rechistar porque no quiero pelea. 
Pero en el momento en el que me dice que no paga bombona de butano con nosotras (en pleno diciembre), puedo decirle que es una puñetera tacaña delante de su novio "mazao". 

¿Por qué? Porque voy a acabar muerta en un contenedor un día de estos.
¿Sabéis eso del instinto de supervivencia? Pues yo no lo tengo. Yo tengo una voz que me dice "¿Qué pasaría si metieses los dedos en el enchufe ese? Solo hay una manera de averiguarlo" en su lugar. Y lo he demostrado en un número de ocasiones alarmante.
Porque decirle eso a una señora que tiene cada una de sus posesiones con su nombre escrito a rotulador permanente, que espía a los demás y que quería prohibir que cerrásemos las puertas de nuestros cuartos cuando ella siempre echa la llave al suyo es como pasearte desnuda por la cuneta de una carretera poco transitada. 

Pero bueno. Eso sólo consiguió que la mujer dejase de hablarme y que mi madre me llamase todos los días para asegurarse de que seguía viva. 
Luego descubrimos una serie de cosas como que la cocina estaba equipada perfectamente pero esta mujer se llevaba cosas a su cuarto, que usaba la bombona que comprábamos Ana y yo y que el piso tenía un teléfono que ella había encerrado en su cuarto para su uso exclusivo y se negaba a sacar. 
      
E hice algo que no he hecho en mi vida, pero que me pareció, ante la presencia de una enferma mental posiblemente peligrosa, adecuado: No me callé.

Y el día que llegué a mi casa después de haber tenido una racha de dos días seguidos con exámenes y me encontré esto:



Fue algo así como el colmo. También había escrito su nombre en el cubo de la basura que llevábamos usando todo el curso, prueba innegable de que ahora era suyo en herencia familiar o algo así.
Y se me ocurrió la feliz, magnífica, infalible idea... de ir a tirar algo a ese cubo de la basura cuando ella estuviese en la cocina. Me pegó, para demostrar que mis planes de tocar la moral no son tan buenos.
Y mientras me gritaba si es que no sabía leer yo me había quedado en shock, ahí estampada contra el fregadero, no creyéndomelo, mientras el novio de esta dama decía "no te ha tocado, no te ha tocado".
 Creo, así, en perspectiva, que si no me hubiese tocado, no habría hecho falta que lo aclarase. Pero bueno, él lo dejaba ahí constar.

Tuve la suerte de que no estaba sola. Chama es ese tipo de amigas que no permite que los demás te toquen, porque aunque tú sabes que eres un bicho malintencionado, ella no. Ella cree que eres una persona estupenda y frágil. Y cuando escuchó el griterío que se acababa de liar en la cocina, apareció allí como Gandalf cuando se lavó con lejía a la afirmación de "¡¡PUTA, LE ESTÁS DESTROZANDO LA VIDA A MI AMIGA!!" que es así como conciliador...

A todo esto yo seguía ahí agarrada a mi fregadero pensando "Nos matan. Hoy aquí nos matan", hasta que opté más bien por sujetar a Chama antes de que dejase a Pili sin dientes (que por tentadora que resultase la idea, optaba por una negociación amistosa... que no se produjo nunca).
Tras un intercambio de acusaciones que se basaban en ella diciendo "hago todo esto porque seguro que tú me harías lo mismo si pudieses", descubrí que me había salido un morado en el lugar en el que me había pegado esta mujer. Chama de nuevo trató de reventar gente mientras el novio aseguraba que como "testigo imparcial" (no sé que entiende por "imparcial" él) eso debía de habérmelo hecho yo, porque Pili no me había tocado apenas, ya adoptando él también una pose amenazante.

No sé cómo me las apañé para sacar de allí a Chama, que se resistía a la idea de dejarlos ir impunes, y llevármela hasta mi cuarto para exponerle que me ayudase a hacer las maletas. Me iba.

Tenía un examen a las 8 y media de la mañana al día siguiente, pero me iba. Llamé a mi madre, lloré un poco de frustración y me dispuse a guardar todo.

Apareció Ana en la puerta diciendo que qué había pasado, que tenía la radio un poco alta y no se había enterado nada más que del portazo que dí en mi cuarto. Bueno, su cuarto está al lado de la cocina y decir que no se había enterado es como decir que te ha caído una bomba al lado pero no te percataste porque estabas muy metida en la lectura de Harry Potter.

Aun así, puedo entenderla. El marrón era mío. Era defender derechos básicos de que Pili no era la dueña absoluta del piso, pero seguía siendo yo la pringada que había ido a buscársela. Le dije que me iba y ella también empezó a hacer la maleta. Le daba miedo quedarse a solas con Pili y no se la puede culpar (de hecho, empezamos 4 en el piso, pero Victoria huyó al mes, dándose cuenta de cómo estaba el patio).
También el casero nos había dicho que como él estaba en Valencia, el problema era nuestro con Pili. No la podía echar porque era la única que le había exigido el contrato. Básicamente Pili se había quedado sola con el piso por 150€, que era lo que quería desde el principio.
 
Y al fin llegó mi madre con el coche, mi hermano y un cabreo materno de la hostia. Al escuchar el jaleo, Pili y el novio se encerraron en el cuarto por si acaso.
Y entonces empezó la venganza, mientras yo iba detrás en plan "No, no hagáis eso. No, mejor deja eso donde estaba..." y mi madre estrellaba huevos contra la nevera, le derramaba el zumo por la comida, le desenchufaba el congelador, vaciaba tazones de cereales en el fondo del cubo de la basura y lo volvía a tapar afirmando que "así se lo dejamos tal y como lo tenía antes de que limpiases". Mi hermano metía imanes en la tostadora, cortaba el cable del teléfono del que Pili se había apropiado injustamente, esparcía cartones por toda la estancia y había un jolgorio general de destrucción e injuria mientras la instaban a salir (y yo me moría de miedo por si volvíamos a pillar, que el novio tenía pinta de estar tan loco como Pili y mi madre pesa sólo 47 kilos).

Mientras, Chama bajaba maletas al coche y maquinaba atascarle el portero automático con una ramita ,cosa que impedí si quería volver a pasar algún día por esa calle sin que Pili me esperase en el balcón con un rifle de francotirador.

Antes de irnos, como yo había pagado sola una de las bombonas (la que no estaba encadenada y yo había estado tratando de medio esconder en el baño) que estaba entera, mi madre se plantó: No iba a gastar nada más mío. Y se la llevó, con dos cojones. Mientras mi hermano, al cerrar la puerta con todas sus fuerzas, gritaba "¡Ahora cuando lleguemos te llamamos al fijo! Ah, no, que no puedes."



viernes, 5 de julio de 2013

Breve inciso

Dibujando curas ridículamente sexys a las 6 y media de la mañana para un fanzine. Definitivamente he tocado fondo..

Ah, y voy a ir al infierno. Eso. Eso sobre todo.

PD: Pronto hablaré en serio por aquí. O eso espero. Tengo bastantes cosillas guardadas para contar ahora que por fin tengo VACACIONES, que van desde vivir con psicópatas hasta robos organizados/conspiraciones masónicas de portátiles.

Siento haber dejado esto tan muerto, pero la verdad es que se me han echado muchas cosas encima estos meses (y la de chorradas que me quedan por solucionar). Pero bueno, ya es verano. Y el verano nos hace libres.

Sé que eso último no es verdad. Desde los diez años no.