jueves, 29 de noviembre de 2012

Changeling: Las hadas (I)


(Música épica ftw)

Sí, porque Changeling se compone de dualidades en toda su extensión (teniendo en cuenta que el nombre del segundo capítulo es "Los dos hoteles" en un homenaje especial a mi propia infancia...), y principalmente se nota en dos ámbitos: Las hadas y los niños.

Debería empezar a hablar de los niños, pero en vista de que ando enfangada con las razas (quizás sea más políticamente correcto usar "etnias"... pero no, un goblin y un leprechaun, no sé yo...) que hay en Changeling, casi que mejor hago referencia en primer lugar a las hadas.
Debo de reconocer que es MUY divertido escribir de ellas. Y aunque "escribirlas" en sí me está frustrando a niveles que no puedo expresar usando meras palabras, inventarlas es un deleite. Para empezar, porque informándome un poco sobre la mitología celta he destapado un filón increíble que estoy respetando más bien poco a la hora de dar forma a esa sociedad feérica. Pero qué cojones, no quería hacer un fiel retrato céltico, ya lo dije, y además, me sentiría poco original.
Así que cojo tal nombre, me fijo vagamente en la descripción, y el resto es manipular, dar pinceladas de color, quizás esto no pegue, esto otro sí, esto sería genial si pudiese ser así y... ¿quién ha dicho que no pueda?

Así que finalmente me he visto envuelta en una de mis actividades preferidas: crear mitos y sociedades inventadas que luego repercutan en los personajes y su manera de ver un mundo, que no es el nuestro, sino trocado en algo distinto (ni peor, ni mejor, distinto. No busco utopías ni tampoco un escenario apocalíptico. De eso último tiene algo Old Glory y sus cosas raras de Western/post-apocalíptico. Los que sólo habéis leído de Old Glory y no me habéis escuchado hablar del argumento con libertad os estaréis preguntando de qué narices hablo).

El caso: Mis hadas son adorables ellas. Parecen los hijos bastardos de Leónidas con Campanilla, pero sí. Quizás muy fundamentado en la cultura que me he sacado de la manga y los estrechos lazos que tienen con el que debería ser su deber, sus antepasados, una cultura ancestral muy arraigada y su desconfianza hacia todo lo que sea humano. También, como siempre, juega un papel el poder, aunque en seguida parece ser que, más que el poder en sí, ansían aquello que significaría para ellos el tener la corona. Hay sólo unos pocos de los siete hermanos que quieren ser realmente reyes, sin embargo eso no implica que se vean arrastrados el resto por unos motivos u otros, en esa batalla.
Cada una ha demostrado, cuando en principio eran sólo ideas vagas, ir tirando para su terreno, diferenciándose del resto de hermanos y moviéndose siguiendo sus propias directrices (cosa en la que juro no tener nada que ver). Como resultado tengo a siete criaturas enredadas en la maraña que su herencia les ha tendido, como moscas en una tela de araña.
Y en medio se cruzan los niños, claro. Metidos de cabeza en el embrollo que ya bastante les costaba manejar a las hadas solas.
A esto se le suma la cultura, sus distintas procedencias, sus casas, sus lacayos que hacen básicamente lo que les da la gana (y si bien las hadas y los elfos suelen ser más fieles, los trolls, los goblins, trasgos y leprechauns suelen ser más bien un poco judas cuando les conviene), la reina Zinnia, Laurus que se murió muy sensatamente antes de que la mierda le salpicase, sus antepasados, sus Cuidadores, la magia y las puñeteras Corte Bendita y Corte Maldita (cosas raras mías que he decidido usar...). El jaleo del copón está servido.
       

3 comentarios:

Anteo dijo...

Menudo cóctel, me pregunto a quién le estallará en la cara xDD Lo que mola es eso, montar ese mundo enorme habitado por toda clase de seres. Será muy interesante ver el resultado final :D

Semi_Lau dijo...

Wow, menudo universo te estás montando o_o

Carlos J. Eguren dijo...

Creo que estas escribiendo una de las pocas historias sobre hadas que no me daría asco leer. ¡Siga así!