domingo, 28 de octubre de 2012

Cosas de la ausencia

Soy vagamente consciente de que, al no tener internet (legítimo) en casa me estoy perdiendo muchas cosas por la web. Para empezar, blogger, porque ya no dispongo del tiempo suficiente para leerlas la hora que tengo libre en clase y que me conecto, o no carga casi nada cuando consigo mendigar un poco de wifi del vecino (no tira ni el spotify más de dos canciones por hora...). Y para mi que el tío se ha dado cuenta, porque me apaga el ruter cada dos por tres...
Sí, está feo robar internet, pero mi internet está pagado desde hace dos semanas y al técnico no le sale del alma venir... u_u empiezo a pensar que directamente no lo va a hacer hasta que nos quejemos, y a pesar de que me he ofrecido yo a llamar, mis compañeras de piso me han dado un poco de largas.
Así que, debería aprovechar para hacer otras cosas.
DEBERÍA.
Pero no. Pierdo el tiempo igual que siempre. Aunque de momento llevo cuatro capitulillos de Changeling (debería llevar más...) y hago al menos tres dibujos a la semana en los huecos que me deja mi horario carnicero que me está sorbiendo la vida. Las asignaturas... hay algunas muy fáciles, pero tengo dos huesos duros de pelar: Historia de la lengua y Sintaxis funcional. Sintaxis funcional igual no seria tan hueso si la profesora no explicase tan MAAAAAL. No sé que mierda toma antes de meterse en la clase, pero yo quiero. Se pone a analizar frases sin decirnos qué frase está analizando, y con el sistema de árbol que tanto gusta en filología, eso es un caos... con lo bonitas que eran las rayitas subrayando la frase en secundaria...
Y vamos, que no me entero de un carajo. A ver cómo lo hago para el puñetero examen...



martes, 2 de octubre de 2012

El estropajo de la Pili


EDIT: Esto fue escrito hace unos días, pero como no tengo internet... Ya conozco a todas mis compañeras de piso : D

Sí. Y aunque podréis pensarlo, no, no tiene ningún tipo de connotación sexual (no como cuando mi abuela me cantaba de pequeña “El conejo de la Loles”. Y pensar que pasé mi infancia creyendo alabar las hazañas de un simpático roedor blanco propiedad de Loles al que hicieron general por cano…). Traumas por los cuales ya no confío en NADIE a un lado…
Ya estoy en mi nuevo piso tras ciertas peripecias, incidentes y ofrecimientos de ir a ver amaneceres a habitaciones de desconocidos que prefiero ahorrarme aquí…
Y bueno, conozco a 2/3 compañeras de piso, lo que me parece un buen porcentaje. No tengo internet. No he preguntado si puedo tener gato, aunque paso tres cuartas partes del tiempo que transcurro consciente maquinando rocambolescos planes y chantajes emocionales que desembocarían en estas compañeras de piso permitiéndome vivir con el susodicho felino. De todos modos, no estoy segura de que lo consiga, lo que me mata un poco…
Pero ese no era el tema que venía a tratar aquí, no.
Era un estropajo. De esos normales para lavar los cacharros.
Cuando llegué aquí, quizás sea prudente decir que el piso en sí no estaba sucio del todo. Sólo unas partes puntuales de él. En la nevera alguien había de haber hecho explotar un animal indeterminado. Y en el cubo había una especie de sopa negruzca que me hacía temer que hubiese organismos nuevos generados en esa especie de caldo primigenio. Olía como si llevasen viviendo allí varias semanas en decadentes condiciones higiénicas, al menos. Dejo de describirlo, porque me está dando nauseas a mí de nuevo.
La intención de Pili era clara: Yo no lo he ensuciado y por eso YO no lo voy a limpiar. Aunque, llamadme desconfiada, no tenía yo muchas esperanzas en que las excompañeras de piso suyas viniesen un día a tocar a la puerta, utensilios de limpieza en mano, para buscar las manchas que dejaron.
Así que, lo que hice (para que luego mi madre me diga que no limpio… y es verdad) fue limpiar yo esos dos focos de infección como si de radiación se tratase antes de que algo con vida brotase de ellos y tuviésemos que rendir cuentas ante el código de la bioética por el cual no se puede crear nada que atente contra la especie humana. Todo muy surrealista.
El caso, lo hice. Y como era el primer día, lo último en lo que había pensado era en comprar desinfectante, jabón o cualquier otra cosa que me pudiese ayudar en esa tarea. Pero claro, como el piso es de todas, pensé que igual cogiendo un poco de Pili, no le resultaría mal intercambio por el hecho de que yo estaba limpiando algo que había ocurrido en su año de piso (o a juzgar por el aspecto de ese caldo negro, en el origen de los tiempos). Me equivocaba. Al día siguiente apareció en todos los botes en mayúsculas, con tinte indeleble negra “PILI” dejándome claro desde el segundo día que en el piso, todo lo que no es estrictamente “piso” es suyo. Luego me explicó un rollo de que es que cada una tenía que comprarse sus propios chismes de limpieza, que así era más práctico. Y en un rápido vistazo, en un brote Sherlockiano mío, me di cuenta de lo práctico que era coger todos los botes de productos de limpieza casi llenos que dejaron tus compañeras al irse y ponerles tu nombre para no tener que gastarte un duro más en ese tema.
No me quejé. Ya hablaría yo con las otras dos chicas a ver si les parecía bien que compartiésemos entre las tres el gasto y así no llenar la casa de cuatro friegasuelos distintos.
Lo que no sabía era hasta donde alcanzaba esto hasta el momento en el que fui a fregar los platos con los productos de limpieza que ya había comprado y vi que alguien había escondido el estropajo. En otro momento hubiese pensado “vaya hombre…debí imaginarme que el único motivo por el que no pone “Pili” es porque se va con el agua” pero en ese en concreto tenía bastante prisa por haber quedado con alguien en la otra punta de la ciudad. Y no podía dejar todos los cacharros sin fregar. Principalmente porque en ese momento en el piso sólo estábamos Ana y yo y la pobre criatura no tenía culpa alguna del conflicto estropajero en el silencio que se acababa de formar. Porque como prima en compañeras de piso que no se conocen de nada (y en relaciones diplomáticas varias) nadie acusa a nadie de nada. Sólo esconden los utensilios de limpieza cuando los precises para dejar patente quien es el lobo alfa.
Es ella.
Así que, consciente de la cuenta atrás que estaba viviendo para no dejar plantada a mi amiga ni quedar como una guarra en el primer día de Ana, viajé a través de una lluvia torrencial para sacar dinero, ir a un chino (que resultó estar cerrado… dónde se ha visto… están deshonrando a su patria) y finalmente al mercadona, en el transcurso del cual desarrollé una postura comunista plena sobre que el estropajo no puede ser poseído individualmente, sino que debe ser, por derecho, del pueblo.

Touché, Pili, touché…