viernes, 28 de septiembre de 2012

La petite mort




Tras pasar una mañana en la facultad expuesta a esa tortura mental llamada burocracia, mojada de pies a cabeza porque tuve que sacrificarme por el bien de mi portátil, que te pidan en el formulario por internet del ministerio que des el INDESP de tu madre y tu hermano... es una puñalada en una proporción semejante en la que un placer casi orgásmico te invade cuando escuchas las palabras "Pues con esto ya has terminado tu reconocimiento académico". Con lo cual, tengo los créditos reconocidos pero no tengo la beca pedida aún para lo que era necesario reconocerlos. Por suerte, tengo hasta el 15 de octubre. Por desgracia, eso yo no lo sabía antes de echar el portátil en la mochila y exponerme al diluvio universal con el fin de mendigar un poco de wifi. Me arrepiento sinceramente de haber deseado que lloviese para usar el paraguas que compré en Londres y notar un poco menos la nostalgia por no estar allí.

Gracias a un horario digno de esclavos de plantaciones sureñas, este año me veré obligada a subir esa cuesta característica de Cartuja de Lunes a Jueves dos veces al día. Dos horas de mi vida perdidas en un ir y venir por un camino que ya me ha dado tiempo a aborrecer. Sola, porque la gente con la que iba a subir me han dicho que "Suben muy temprano y no quieren molestarme." Sí, es una excusa en toda regla, amigos, o al menos suena un poco a eso.
Pero como me he familiarizado con mi condición de villana megalomaníaca, no me quejo. Vale, sí, lo hago. Sin embargo, no me sirve de nada. Uno de los problemas que vosotros, resto de mortales, ignoráis de las mentes predominantemente maquiavélicas es el trabajo que nos cuenta encontrar esbirros con un mínimo de fidelidad desde que lograron montar un sindicato en los años 90. Son cosas que no nos gusta mucho comentar en la liga del mal, pero están ahí...

Así que saco un par de minutos para escribir por aquí mientras compruebo actualizaciones de webcómics (la base de mi vida) y realizo las exiguas interacciones sociales a las que me en ciertas ocasiones soy dada.  
También os aviso de que dirigís mal la mirada a la hora de culpar a conspiraciones judeomasónicas de los problemas del mundo. Mirad a la secretaría más cercana. A cualquier puesto administrativo de una facultad. Ahí, ahí es donde está el mal. Cuando te mandan de una cola a otra sabiendo que en esa otra cola te mandarán de vuelta, o te hacen esperar para nada más llegar decir "eso no es aquí", se frotan las manos debajo de la mesa y ríen interiormente. Rigen nuestra mísera vida entre las sombras. Controlan nuestros créditos de libre configuración, en resumen, nuestra alma.
Así que, dad mucho las gracias, sonreid mucho, saludad siempre con gran cortesía y reverencia. Si os ofrecen un caramelo, cogedlo. Meteoslo en la boca pero escupidlo en cuanto se den la vuelta.
Seguramente estará envenenado.

4 comentarios:

Yiak dijo...

¡Qué razón tienes! A mí casi se me quitaron las ganas de matricularme en la facultad cuando me empezaron a pedir papalitos y recibos bancarios, duplicados y más duplicados... Aún no me creo que consiguiera entregarlo todo dentro del plazo. XD

Carlos Javier Eguren Hernández dijo...

Dos detalles.

El caramelo debe ser escupido a la cara.

Como miembro de la Liga de Malos Malísimos he de decir que estás castigada por revelar nuestra existencia y que tienes enfadados a los funcionarios, que fueron los creadores de tan insigne Liga.

Allons-y!

Explorador dijo...

La burocracia se expande para satisfacer las necesidades de una burocracia en perpetua expansión. o sé quie lo dijo...pero tenía razón.

Un saludo, me ha gustado leerte :)

Misery dijo...

Yiak:Ya ves... estoy segura de que de un momento a otro vendrán dos seguratas a echarme de aquí a patadas :/

Mister J: Eh, he dicho la Liga del Mal, no la de los Malos Malísimos. Esa la has revelado tú solo.
xD
Es que me pedían una fotocopia del carnet de mi madre el día que había que apuntarse y no llegué a inscribirme...

Explorador: Muchas gracias por leer ;) Sí, son una plaga que se cree necesaria.