martes, 25 de septiembre de 2012

El arte de ser un poco gilipollas

Bueno, como venís sabiendo (o no) ya no escribo mucho aquí. Como mucho, copio y pego.
Me gustaría recuperar la pasión con el blog, no exactamente como cuando lo empecé y colgaba cualquier tontería que me encartase como si fuese a interesarle a alguien aparte de a mí.

Oh, espera...
Esa etapa no ha pasado nunca...

Quizás con el tiempo me hice cada vez más agria. Y eso era bueno, porque creo que me encuentro a mis anchas en esa postura, que en realidad es la misma que intento reprimir constantemente... ¿Y por qué? Porque siempre hay alguien dispuesto a enfadarse.
Y es algo que me quema bastante. Si no escribo lo que quiero, pierdo el interés en escribir aquí directamente, y es lo que le está pasando al blog. Si, por el contrario, escribo lo que quiero y doy rienda suelta a todo el veneno concentrado que tengo en sangre, entonces se lía, porque he aprendido que, aludas a alguien directamente o no, siempre hay gente dispuesta a echarse la crítica a las espaldas. Por eso este blog debería ser un cuaderno forrado con fotos de Justin Bieber o una libretita de Hello Kitty. Más acorde todo.
Sin embargo, he de decir que como buena novelista frustrada, llevo una diva dentro. En realidad, más bien un megalómano. Sueño con forjar imperios basados en cimientos compuestos de novelas de ficción juveniles. Así que básicamente, una ha ido vendiendo libertad a cambio de público, eso que he detestado en mis novelas siempre y que me he encontrado haciendo en el blog, sopresivamente. Quizás porque soy bastante consciente de la cantidad de gente que va a leer esas novelas y que por lo tanto no hay de qué preocuparse si quieres violar niños o quemar iglesias (curiosamente, ocurren ambas en sendas novelas que tengo terminadas... lo cual no dice nada bueno de mí).

Si lo lee tu familia, ya no puedes colgar ciertos indecorosos detalles, o algo por lo que se te pueda caer el pelo. Como aquella vez que me hice narcotraficante en un fin de semana.
Si lo leen en tu clase, seguramente algún día Pepa Antonia dirá la mayor burrada imaginable y no podrás comentar lo que te ha impactado porque sabes que su amigo Ataulfo la va a leer y se lo va a contar.
Si hay fans de la literatura juvenil, ya no puedes despellejar a la pastelosidad de turno.
No puedo hablar de mis novelas porque aburren a los muertos.
Tampoco de política, creencias religiosas, Salman Rushdie...


Pero realmente ¿No puedo? ¿O es más bien que no quiero? ¿Es que me importa a mí algo alguna de esa gente en el fondo? Y lo cierto es que si se ofenden por un simple post de una persona que practicamente lo odia T-O-D-O... se puede discutir en comentarios. Aunque últimamente estoy acostumbrada a los comentarios punzantes más que a las argumentaciones, pero supongo que así es la vida.
Y siempre he sido un poco tirando a gilipollas, bastante borde y finalmente, para rematar, rodeada de un halo de pedantería que no sé muy bien de donde ha salido cuando soy consciente de que no hay motivo para ella... No se podía esperar mucho más de lo que hay aquí ya.

¿Debería intentar reconstruir esa especie de patético diario que llevo aquí quizás como testigo de un nuevo año igual de insustancial que los anteriores?

Puede...
Que lo consiga es otra cosa.

PD: Estoy sin internet y eso, así que sólo me conecto en la facultad... lo que no me lo pone fácil.

4 comentarios:

La otra Madame Popova dijo...

uis. eso me recuerda que me tocaba escribir en un sitio.. Oo

Misery dijo...

te toca, sí, te toca xD

Merak dijo...

Rudyard Kipling dijo una vez: "No puedo darte el secreto del éxito, pero sí el del fracaso: intenta gustar a todo el mundo".

En otras palabras: escribe lo que quieras. Y si alguien se pica, que se rasque. Punto.

Salman Rushdie es una persona muy grande y lo sabes :P.

Un beso!!

Misery dijo...

Sí, como Ghandi... xD
Ains, los sobrecitos de azúcar...