sábado, 1 de diciembre de 2012

Ir de compras y sus consecuencias en la salud mental

(Me siento horriblemente sucia hablando de este tema. Que conste en acta. Pero debido a comentarios de una amiga ayer (y ella es la cosa más mona y maja del universo. Me parece cruel que tenga que preocuparse por estas mierdas) me estaba planteando escribir algo sobre esto vinculado un poco a los complejos que tenemos todos con este tipo de asuntos...Es un tema triste, pero tomado con humor se ve que no es más grave de lo que nosotros mismos queramos hacerlo)  

No sé a que le debemos las mujeres el tópico de que nos gusta ir de compras. Aunque si nos ponemos técnicos, a TODOS nos gusta ir de compras (ah, el materialismo...) dependiendo de qué cosas se compren.
¿Libros? Sí, por favor ¿Trastos inútiles y llamativos de las tiendas de segunda mano británicas? Son amor.
Pero ropa... o te pilla muy inspirada o es una tortura horrible y premeditada hecha por las marcas de ropa.
En esas tiendas que ahora parecen el mercadillo de tu pueblo, los novios amazacotados esperando aburridos a los lados, las pijas con cara de asco, setecientas chonis dando vueltas, empujones, ropas mal cosidas que ha debido de diseñar un ciego o Agatha Ruíz de la Prada. Esos zapatos Lady Gaga y esas pieles falsas de leopardo que nos hacen pensar que, en efecto, la civilización está en decadencia. Como si no se notase en otras cosas, ya, pero en eso, más.

Y últimamente he tomado la manía de únicamente comprar ropa cuando viene mi madre, porque cuando voy sola me siento carente de apoyo moral en ese proceso horrendo. Ir a comprar ropa con tu madre es como cuando eras pequeña y te decía "¿Esto?" Y tú, que sólo querías terminar pronto para pasar por la juguetería e insistirle  en que te comprase el Furby, le dices "Sí, ese". Y a tomar por culo.
¿Que de pequeña parecía que me habían vestido con ropa de la caja de beneficencia de una iglesia, un Geyperman o el novio homosexual de Barbie? Sí, pero eso no importaba. Me ahorró malgastar tiempo en preocuparme en la coquetería innecesaria que debemos de tener las futuras buenas esposas y quizás, en otras circunstancias, también hubiese ahorrado años de ambigüedad en mi identidad sexual. No obstante volvamos a mi caso.

Esto es un poco así. Que sí, a veces ves ropa bonita de esta con la que yo siento más ganas de dibujarsela a un personaje que de ponérmela. De esa que toda la publicidad del universo ha estado destinada a hacernos creer que es por lo que la gente nos va a mirar y decir "Oh, esa ropa refleja fielmente la complejidad de su persona. Yo en ella a través de esos pantalones vaqueros y esa camisa despreocupada veo un alma bohemia y sensible que a la vez lucha contra las normas establecidas". Pues sorpresa: No. Te habrás gastado un dineral en una camiseta y unos pantalones, y ya. Cuya función principal es taparte del frío polar que se ha estado levantando en Granada.

Tampoco me voy a poner en exceso cínica porque todos tenemos en el armario ropa que nos gusta mucho (yo hasta diseño ropa de vez en cuando para mis personajes y tengo una pamela enorme y negra que me hace parecer la niña de Beetlejuice), y que guardamos reverencialmente en el armario para ocasiones especiales que nunca llegan mientras el resto de días subimos a la facultad como unos indigentes.

Y en fin, como iba comentando (¿Tiene esto siquiera una línea que esté siguiendo o es sólo quejándome?) lo peor es cuando encuentras algo que realmente te gusta: Por lo general, suelen ser vaqueros. Ahí empieza el bullying comercial. Esa prenda en concreto, que en principio te ha costado encontrar, que no tiene ni lentejuelas, ni brillantes, ni tachuelas de mentirijilla de esas mariconadas que no pinchan, ni calaveras rosas, ni estampados de felinos... son perfectos en su sencillez de vaqueros negros.
Los llevas al probador, esperas una cola como de mil niñas con novio (que estoy empezando a pensar que los novios son para eso y lo del amor eterno y el sexo es una mera excusa para no llevar una misma las bolsas) y entonces una mujer a la que podría llevarse una corriente de viento malintencionada, con una capa de maquillaje que te recuerda a las arenas movedizas de las pelis de aventuras de tu infancia (en las que un pobre incauto podía ahogarse sin tocar el fondo) y los labios de un color rojo "pimiento morrón" te pregunta cuantas prendas llevas. Dices que una. te mira así como con asco, pero sin el como. Y ya si ve que la prenda cuesta menos de 30€, suerte tienes si no te echa con una escoba de la tienda.
Esquivas gente, procurando no mirar los culos furtivos que asoman de las cortinas ni las caras pidiendo una muerte indolora de los susodichos novios. Te metes en el probador con esa luz como de morgue que tienen y en ese espejo te ves hasta la última imperfección que alguna vez hayas podido tener en la cara, porque una es blanca de piel y ese aire a cadáver favorece poco ante un espejo de cuerpo entero. En ropa interior, efectivamente, pareces el sujeto de una próxima autopsia. Procedes a probarte la prenda agradeciendo en silencio que no haya nadie por allí para verte con esa facha (ni a ti ni a tus bragas de gatos que se materializaron en el cajón de la ropa interior un día y que sospechas proceden de algún almacén chino destinado a reducir la natalidad del país de una manera muy sutil).
Y la prenda no entra. Bien porque no le sale de las costuras entrar por tus piernas de la talla No-es-una-36 o porque en un alarde de optimismo (Y de que de ese pantalón no había tallas superiores), pensando que has perdido un par de kilos subiendo la cuesta del infierno de Cartuja, igual puedes caber en esas dos tiras de tela pegadas y así no tienes que tirarte otras dos horas buscando con el frío otro pantalón no-hortera en ese purgatorio. Pues no. Tiras hacia arriba, y cuando te das cuenta de que empiezas a parecerte peligrosamente al proceso de creación de una morcilla de burgos y que estás perdiendo el riego sanguíneo en los pies, tiras hacia abajo con un éxito parecido. Resuellas, forcejeas, das tirones con la precaución necesaria (pero no demasiada) para que no se rompa la ropa. Cualquiera que no te haya visto entrar sola pensaría cualquier barbaridad, aunque tú te decantas más por el hecho de que, ante el espejo, parece que los vaqueros quieran comerte viva y tú luches encarnizadamente para salir de entre sus fauces.
A veces consigues que suba hasta las caderas y ahí, cuando procedes a cerrar la cremallera, la prenda te dice "no, perra, no", y se niega en redondo a rodearte a no ser que te cortes un pedazo del hueso de la cadera con una sierra mecánica.
Así que derrotada, humillada, coges tu pantalón, maldiciendo los estereotipos estéticos y sintiéndote la única persona que no vive de apio de la tienda. Un vistazo a tu alrededor te confirma que podría ser así. La dependienta insecto palo te atiende con una sonrisa más falsa que los billetes de 7 euros.
-¿Te lo vas a quedar?
Y claro, tú, tras haber enfrentado tu Waterloo personal y haber sido vencida por una prenda de producción barata, piensas entre decirle la verdad, contarle que aún no has conseguido sobrevivir sin tus órganos internos y por eso no puedes meterte ahí o mentirle como una descosida.
-Es que no me gusta el color.
La dependienta te mira. Vas vestida de negro de pies a cabeza. Asiente. Lo sabe. Tú lo sabes. La chica de más allá que se está probando un plumón fucsia y te mira lo sabe. Toda la tienda lo sabe. Bueno, quizás el chico al que su novia le ha hecho traerle todas las camisetas de la tienda una a una no, por eso de que estaba entretenido pidiendo a un ser superior la muerte.
Así que dejas el pantalón allí, sales con la cabeza alta, te vas a la librería Flash de cómics de la cale San Antón y te compras hasta las baldas de la estantería. A tomar viento. Ya te comprará tu madre la ropa cuando venga, en una madurísima declaración de intenciones tuya. Porque no piensas hacer dieta, ese sistema de vida infrahumano que no deseas a nadie. Y ejercicio...a veces es divertido, pero seamos sinceros, practicarlo varias horas al día si no te gusta realmente es un despropósito. Y si no tienes problemas de salud, menos. Así que cojo un paquete de galletas de dinosaurio, un cómic de Hellboy y me tumbo en la cama.
Hay muchas cosas con las que no sabría vivir: Escribir novelas rosas, vivir con mi padre, trabajar en una revista de cotilleos, vivir sin azúcar...

Sin embargo no caber nunca en una talla 36 no es una de ellas, por mucho que a veces sientas un pinchazo de frustración en las tiendas por no poder encontrar nada que no sea eso. Hay cosas, se crea o no por ciertas edades (no sé si hay adolescentes en este blog... aparte de mi edad mental, claro), que estamos hartos de ver en la tele y en los medios y que no importan una auténtica mierda para nada. Y aunque escuchar a amigas tuyas decir que "ojalá fuesen como Hilary Duff" (que vaya ejemplo...) te hace querer meterles la cabeza en una picadora de carne, sabes que tú, siendo Hilary Duff itself (... cualquier cosa menos eso. Me produce diabetes mirarla de reojo) no serías ni la mitad de feliz de lo que eres ahora comiendo tostadas de nocilla y leyendo un libro de Clive Barker.
Ya llegará el día que sepas coser ropa, no dependas de las tiendas y puedas ir a clases vestida de Jedi.
   

PD: No critico a la gente que es delgada, para los tiquis, que conste. Mi madre si quisiera podría comprarse la ropa en "Zara infantil" y nunca en la vida se ha privado de comer nada. El metabolismo actúa como le da la gana. Dejémosle (sin pasarnos. Vivir de Panteras rosas tampoco es algo muy conveniente).
Y que sí, que es para sentirse mejor una misma y blablablabla... pero el hecho de que las modas hayan cambiado tanto a lo largo de los siglos no habla nada bien de ellas más que están hechas para ser un grano en el culo dependiendo de cómo se haya adaptado la vida del ser humano.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

El historiador sexy de la lengua

(Y así me sentiré yo mañana en la ronda de preguntas sobre la yod segunda)


Últimamente madrugo. Duermo por las noches (más o menos bien... cuando puedo y no me engancho a algún libro o alguna otra cosa semejante) y a las 9 estoy en clase. Esto debería quemarme pero, extrañamente, primera hora no es la que más me molesta. Y debería, porque lo que hay a esa hora es HISTORIA DE LA LENGUA *suena un trueno a lo lejos, en plan peli de monstruos de la Hammer* y es como la cosa más horrible y hueso que puedas dar. 
En el fondo exagero, la cosa más horrible es Sintaxis, muy seguida por lingüística.
Pero esto a primera hora es desagradable. Y para más inri, tenemos un profesor enérgico. De esos a los que les gusta la cosa martirizante que dan, que quieren transmitirte esa pasión, cuando tú a las 9 de la mañana por lo único que tienes pasión es por tu edredón y poco más.
No obstante, salvando esas distancias, hace poco (o no tan poco), me di cuenta de qué había pasado.
Había encontrado la Rosa Vidal de este año. Y esta vez es un tío, maravillaos. Un tío llamado Ambrosio Miguel y con el cual he desarrollado un cachondeo inigualable en mi círculo. Está bien esto, salvo cuando una empieza a pasar la línea del "ji ji, ja ja" y se mete en la zona de "doy miedo intermitentemente", como cuando te das cuenta de que le reconoces sin verle la cara (para ser más concretos, pensé que un culo casualmente me sonaba, y voilá, era ese). Sí, la adolescencia quizás me llegó ahora, pero digamos que mi admiración por ese hombre nació de lo intelectual y acabó culminando en una fogosa pasión (Ok, no) cuando trató en clase de explicarnos la yod usando una analogía con el cursillo de cocina que su psicólogo le recomendó para desconectar de la facultad y del correo electrónico.
Y hasta ahí está bien. Admirar profesores es parte de la vida de un estudiante. Todos tenemos figuras que admiramos, que respetamos, a las que miramos ocasionalmente el culo porque tenemos sueño y nos negamos a querer pensar como la "i" muere palatalizando (palabras de él, no mías) a la L en MULIER.
Y luego todo deriva en pensar que cuando va a casa, en realidad le suelen llamar frecuentemente millonarios excéntricos para que encuentre trozos de pergaminos de antiguos textos medievales, atravesando toda clase de antros aterradores y primitivos: laberínticos templos malditos, bastiones de sectas caníbales, los vestigios de la orden esotérica nazi de Tule o incluso, pongamos que una sede del Partido Popular.
Él los recupera, vive romances fugaces con actrices rubias y despampanantes, gana miles de dólares (porque "miles de euros" no suena tan impresionante...), va a su cursillo de cocina a aprender a hacer tarta de limón, se toma un vaso de leche y se duerme. Listo para subir a la mañana siguiente, pararse ante mí, sacar su lista del demonio donde tiene todos nuestros nombres escritos (y el valor de nuestras almas) y preguntarme de improviso que cuales son las prepalatales fricativas sordas.
No se puede molar más. Quizás con un sombrero.
Además, en su página pone claramente lo que es: Investigador doctor.





PD: Todo esto venía a que al salir de clases hoy, me lo crucé y me dio por seguirle un rato (un rato significa que sé donde vive...).
Soy una Stalker en potencia. A final de curso tendré una orden de alejamiento como la de Stan Lee a Sheldon.


PD2: No, en serio, la asignatura es un infierno. Lo único que me hace soportar su existencia es ese hombre y su pasión por ponernos textos del Cid y del libro del Buen Amor. Ajá, textos medievales. Ya entendéis todo el pollo alrededor de su figura. Si bien también puedo conceder que es por el nombre. Ambrosio Miguel. Aunque no lo quieras publicar en tu página, los trolls de secretaría lo han puesto completo en las asignaturas de las licenciaturas ;D

PD3: De esto a escribir 50 sombras de Grey hay un paso. Que libro más malo, señor...

jueves, 8 de noviembre de 2012

Documentarse a veces puede ser divertido


Pero principalmente es un señor coñazo cuando el libro no te habla de lo que buscas, sino de no sé qué monje que le dio por copiar leyendas. Y a ti la vida del monje no te interesa. Lo siento mucho por el hombre, me parece que hizo un aporte de valor incalculable, pero trepidantes, lo que se dice trepidantes, sus asuntos no lo son.

Sin embargo, diré que me lo estoy pasando particularmente bien buscando información para changeling, en el folklore celta (que por cierto, NO sabéis la cantidad de cosas que hay en Harry Potter que son de la mitología céltica...). Hay muchas cosas que no querré adaptar y otras que me las inventaré por completo, y aún así, también hay otras muchas que pueden plantar semillas de la futura idea que acabaré escribiendo.
Y en verdad es complicado, porque ¿Qué es un hada?

Sabemos lo que consideramos que puede ser hoy en día para las películas infantiles, a las que se ha reducido prácticamente su dominio. Y pensamos en Campanilla, o en chicas muy guapas vestidas de rosa, con alas de mariposas que brillan en la oscuridad, destilan femineidad y destellos por cada poro de su piel. A ser posible, con tules y varita de estrellas. Son buenas, son majas, bajitas y por lo general, ayudan a la gente que les pide ayuda.
No es eso lo que han sido siempre, desde luego.
Si algo he aprendido de leer cuentos celtas es que tiene una probabilidad más alta de que te saquen un ojo, te roben, te ahoguen, quemen tu casa o secuestren a tu hijo de que te cosan un vestido y te ayuden a conquistar al príncipe.
Sin contar con su posible derivación de figuras como las de Lamia, que estarían muy vinculadas a lo que es el Changeling (intercambio de una persona por otra, no sólo con niños, sino también con gente que consideren por algún motivo "especial")
Si te cruzabas con un hada, era segura una cosa: no te ibas a quedar igual. Y ya podías tener cuidado con tu lengua irrespetuosa, o podía costarte bastante la descortesía. Lo que más me fascina es lo arbitrario de las reacciones de las hadas, su forma de ver el mundo totalmente distinta de la nuestra, y es un poco lo que quiero reflejar, además de construirles un mundo sólido con el que uno se pueda sentir igual de fascinado, a la vez que aterrorizado, como los propios niños protagonistas de la historia.
Encuentro una dificultad extra en el hecho de que TODAS las subclases de criaturas que pensaba utilizar en changeling son MUY parecidas: gañanes, traviesos, gamberros, suelen carecer de malas intenciones a pesar de poder ser bastante dañinos con sus trastadas. De pequeña estatura. El hecho de ser verdes o no, eso ya lo dejan un poco al gusto del lector. Y supongo que en esa parte, me tocará a mí distinguir a un Brownie de un kobold, de un blue-cap de un bogy o un goblin y un leprechaun...
Así como no me ayuda que tenga treinta mil divinidades para una misma cosa a veces.
Me hago más o menos a la idea con lo que voy leyendo y trato de exprimir los detalles al máximo.
Pero a su vez, esta libertad me hará diferir de la tradición y espero que no sea una licencia muy excesiva (como lo será seguramente el que instituya a los elfos como una subclase no perteneciente a la realeza de lo que son el resto de hadas, y a las hadas diminutas y brillantes como Pixies, que a su vez tendrían diversas ramas).

Y si lo es, mala suerte. Que soy escritora, no folklorista.


Lolita

"Lolita, light of my life, fire of my loins. My sin, my soul. Lo-lee-ta: The tip of the tongue taking a trip of three steps down the palate to tap, at three, on the teeth. Lo. Lee. Ta.
She was Lo, plain Lo, in the morning, standing four feet ten in one sock. She was Lola in slacks. She was Dolly at school. She was Dolores on the dotted line. But in my arms she was always Lolita."

LOLITA, Vladimir Nabokov
 
Esta debe de ser una de las obras que realmente, mientras la leía, pensaba "Gua... ¿Cómo se puede escribir tan sumamente bien?" . Te noqueaba completamente con el uso de la palabra. Y cada vez que me encuentro fragmentos como este, me vuelve a abofetear literariamente sin piedad.

PD: En mi biblioteca de la universidad no tienen Ada o el ardor... vaya vergüenza.  

jueves, 1 de noviembre de 2012

Hadas ftw

No tengo ni la más sincera idea de quién ha escrito esto, pero lo he encontrado en un pdf de internet cuando buscaba más información sobre las hadas para changeling (un poco tonto por mi parte cuando ya llevo bastante empezado...) y no podría estar más de acuerdo. 

"Sin embargo, existe una característica invariable para todas las hadas: no 
son ni malas ni buenas; son criaturas extrañas, con principios éticos y valores (si pueden 
llamarse así) diferentes de los de los seres humanos, y pueden o no aceptarnos en su círculo. 
Poseen un poder mágico incomprensible para los hombres; son el poder y la inspiración, pero 
no piensan ni sienten como los humanos, y  eso los hace encantadores algunas veces, y 
nefastos al minuto siguiente." 

domingo, 28 de octubre de 2012

Cosas de la ausencia

Soy vagamente consciente de que, al no tener internet (legítimo) en casa me estoy perdiendo muchas cosas por la web. Para empezar, blogger, porque ya no dispongo del tiempo suficiente para leerlas la hora que tengo libre en clase y que me conecto, o no carga casi nada cuando consigo mendigar un poco de wifi del vecino (no tira ni el spotify más de dos canciones por hora...). Y para mi que el tío se ha dado cuenta, porque me apaga el ruter cada dos por tres...
Sí, está feo robar internet, pero mi internet está pagado desde hace dos semanas y al técnico no le sale del alma venir... u_u empiezo a pensar que directamente no lo va a hacer hasta que nos quejemos, y a pesar de que me he ofrecido yo a llamar, mis compañeras de piso me han dado un poco de largas.
Así que, debería aprovechar para hacer otras cosas.
DEBERÍA.
Pero no. Pierdo el tiempo igual que siempre. Aunque de momento llevo cuatro capitulillos de Changeling (debería llevar más...) y hago al menos tres dibujos a la semana en los huecos que me deja mi horario carnicero que me está sorbiendo la vida. Las asignaturas... hay algunas muy fáciles, pero tengo dos huesos duros de pelar: Historia de la lengua y Sintaxis funcional. Sintaxis funcional igual no seria tan hueso si la profesora no explicase tan MAAAAAL. No sé que mierda toma antes de meterse en la clase, pero yo quiero. Se pone a analizar frases sin decirnos qué frase está analizando, y con el sistema de árbol que tanto gusta en filología, eso es un caos... con lo bonitas que eran las rayitas subrayando la frase en secundaria...
Y vamos, que no me entero de un carajo. A ver cómo lo hago para el puñetero examen...



martes, 2 de octubre de 2012

El estropajo de la Pili


EDIT: Esto fue escrito hace unos días, pero como no tengo internet... Ya conozco a todas mis compañeras de piso : D

Sí. Y aunque podréis pensarlo, no, no tiene ningún tipo de connotación sexual (no como cuando mi abuela me cantaba de pequeña “El conejo de la Loles”. Y pensar que pasé mi infancia creyendo alabar las hazañas de un simpático roedor blanco propiedad de Loles al que hicieron general por cano…). Traumas por los cuales ya no confío en NADIE a un lado…
Ya estoy en mi nuevo piso tras ciertas peripecias, incidentes y ofrecimientos de ir a ver amaneceres a habitaciones de desconocidos que prefiero ahorrarme aquí…
Y bueno, conozco a 2/3 compañeras de piso, lo que me parece un buen porcentaje. No tengo internet. No he preguntado si puedo tener gato, aunque paso tres cuartas partes del tiempo que transcurro consciente maquinando rocambolescos planes y chantajes emocionales que desembocarían en estas compañeras de piso permitiéndome vivir con el susodicho felino. De todos modos, no estoy segura de que lo consiga, lo que me mata un poco…
Pero ese no era el tema que venía a tratar aquí, no.
Era un estropajo. De esos normales para lavar los cacharros.
Cuando llegué aquí, quizás sea prudente decir que el piso en sí no estaba sucio del todo. Sólo unas partes puntuales de él. En la nevera alguien había de haber hecho explotar un animal indeterminado. Y en el cubo había una especie de sopa negruzca que me hacía temer que hubiese organismos nuevos generados en esa especie de caldo primigenio. Olía como si llevasen viviendo allí varias semanas en decadentes condiciones higiénicas, al menos. Dejo de describirlo, porque me está dando nauseas a mí de nuevo.
La intención de Pili era clara: Yo no lo he ensuciado y por eso YO no lo voy a limpiar. Aunque, llamadme desconfiada, no tenía yo muchas esperanzas en que las excompañeras de piso suyas viniesen un día a tocar a la puerta, utensilios de limpieza en mano, para buscar las manchas que dejaron.
Así que, lo que hice (para que luego mi madre me diga que no limpio… y es verdad) fue limpiar yo esos dos focos de infección como si de radiación se tratase antes de que algo con vida brotase de ellos y tuviésemos que rendir cuentas ante el código de la bioética por el cual no se puede crear nada que atente contra la especie humana. Todo muy surrealista.
El caso, lo hice. Y como era el primer día, lo último en lo que había pensado era en comprar desinfectante, jabón o cualquier otra cosa que me pudiese ayudar en esa tarea. Pero claro, como el piso es de todas, pensé que igual cogiendo un poco de Pili, no le resultaría mal intercambio por el hecho de que yo estaba limpiando algo que había ocurrido en su año de piso (o a juzgar por el aspecto de ese caldo negro, en el origen de los tiempos). Me equivocaba. Al día siguiente apareció en todos los botes en mayúsculas, con tinte indeleble negra “PILI” dejándome claro desde el segundo día que en el piso, todo lo que no es estrictamente “piso” es suyo. Luego me explicó un rollo de que es que cada una tenía que comprarse sus propios chismes de limpieza, que así era más práctico. Y en un rápido vistazo, en un brote Sherlockiano mío, me di cuenta de lo práctico que era coger todos los botes de productos de limpieza casi llenos que dejaron tus compañeras al irse y ponerles tu nombre para no tener que gastarte un duro más en ese tema.
No me quejé. Ya hablaría yo con las otras dos chicas a ver si les parecía bien que compartiésemos entre las tres el gasto y así no llenar la casa de cuatro friegasuelos distintos.
Lo que no sabía era hasta donde alcanzaba esto hasta el momento en el que fui a fregar los platos con los productos de limpieza que ya había comprado y vi que alguien había escondido el estropajo. En otro momento hubiese pensado “vaya hombre…debí imaginarme que el único motivo por el que no pone “Pili” es porque se va con el agua” pero en ese en concreto tenía bastante prisa por haber quedado con alguien en la otra punta de la ciudad. Y no podía dejar todos los cacharros sin fregar. Principalmente porque en ese momento en el piso sólo estábamos Ana y yo y la pobre criatura no tenía culpa alguna del conflicto estropajero en el silencio que se acababa de formar. Porque como prima en compañeras de piso que no se conocen de nada (y en relaciones diplomáticas varias) nadie acusa a nadie de nada. Sólo esconden los utensilios de limpieza cuando los precises para dejar patente quien es el lobo alfa.
Es ella.
Así que, consciente de la cuenta atrás que estaba viviendo para no dejar plantada a mi amiga ni quedar como una guarra en el primer día de Ana, viajé a través de una lluvia torrencial para sacar dinero, ir a un chino (que resultó estar cerrado… dónde se ha visto… están deshonrando a su patria) y finalmente al mercadona, en el transcurso del cual desarrollé una postura comunista plena sobre que el estropajo no puede ser poseído individualmente, sino que debe ser, por derecho, del pueblo.

Touché, Pili, touché…        

viernes, 28 de septiembre de 2012

La petite mort




Tras pasar una mañana en la facultad expuesta a esa tortura mental llamada burocracia, mojada de pies a cabeza porque tuve que sacrificarme por el bien de mi portátil, que te pidan en el formulario por internet del ministerio que des el INDESP de tu madre y tu hermano... es una puñalada en una proporción semejante en la que un placer casi orgásmico te invade cuando escuchas las palabras "Pues con esto ya has terminado tu reconocimiento académico". Con lo cual, tengo los créditos reconocidos pero no tengo la beca pedida aún para lo que era necesario reconocerlos. Por suerte, tengo hasta el 15 de octubre. Por desgracia, eso yo no lo sabía antes de echar el portátil en la mochila y exponerme al diluvio universal con el fin de mendigar un poco de wifi. Me arrepiento sinceramente de haber deseado que lloviese para usar el paraguas que compré en Londres y notar un poco menos la nostalgia por no estar allí.

Gracias a un horario digno de esclavos de plantaciones sureñas, este año me veré obligada a subir esa cuesta característica de Cartuja de Lunes a Jueves dos veces al día. Dos horas de mi vida perdidas en un ir y venir por un camino que ya me ha dado tiempo a aborrecer. Sola, porque la gente con la que iba a subir me han dicho que "Suben muy temprano y no quieren molestarme." Sí, es una excusa en toda regla, amigos, o al menos suena un poco a eso.
Pero como me he familiarizado con mi condición de villana megalomaníaca, no me quejo. Vale, sí, lo hago. Sin embargo, no me sirve de nada. Uno de los problemas que vosotros, resto de mortales, ignoráis de las mentes predominantemente maquiavélicas es el trabajo que nos cuenta encontrar esbirros con un mínimo de fidelidad desde que lograron montar un sindicato en los años 90. Son cosas que no nos gusta mucho comentar en la liga del mal, pero están ahí...

Así que saco un par de minutos para escribir por aquí mientras compruebo actualizaciones de webcómics (la base de mi vida) y realizo las exiguas interacciones sociales a las que me en ciertas ocasiones soy dada.  
También os aviso de que dirigís mal la mirada a la hora de culpar a conspiraciones judeomasónicas de los problemas del mundo. Mirad a la secretaría más cercana. A cualquier puesto administrativo de una facultad. Ahí, ahí es donde está el mal. Cuando te mandan de una cola a otra sabiendo que en esa otra cola te mandarán de vuelta, o te hacen esperar para nada más llegar decir "eso no es aquí", se frotan las manos debajo de la mesa y ríen interiormente. Rigen nuestra mísera vida entre las sombras. Controlan nuestros créditos de libre configuración, en resumen, nuestra alma.
Así que, dad mucho las gracias, sonreid mucho, saludad siempre con gran cortesía y reverencia. Si os ofrecen un caramelo, cogedlo. Meteoslo en la boca pero escupidlo en cuanto se den la vuelta.
Seguramente estará envenenado.

martes, 25 de septiembre de 2012

El arte de ser un poco gilipollas

Bueno, como venís sabiendo (o no) ya no escribo mucho aquí. Como mucho, copio y pego.
Me gustaría recuperar la pasión con el blog, no exactamente como cuando lo empecé y colgaba cualquier tontería que me encartase como si fuese a interesarle a alguien aparte de a mí.

Oh, espera...
Esa etapa no ha pasado nunca...

Quizás con el tiempo me hice cada vez más agria. Y eso era bueno, porque creo que me encuentro a mis anchas en esa postura, que en realidad es la misma que intento reprimir constantemente... ¿Y por qué? Porque siempre hay alguien dispuesto a enfadarse.
Y es algo que me quema bastante. Si no escribo lo que quiero, pierdo el interés en escribir aquí directamente, y es lo que le está pasando al blog. Si, por el contrario, escribo lo que quiero y doy rienda suelta a todo el veneno concentrado que tengo en sangre, entonces se lía, porque he aprendido que, aludas a alguien directamente o no, siempre hay gente dispuesta a echarse la crítica a las espaldas. Por eso este blog debería ser un cuaderno forrado con fotos de Justin Bieber o una libretita de Hello Kitty. Más acorde todo.
Sin embargo, he de decir que como buena novelista frustrada, llevo una diva dentro. En realidad, más bien un megalómano. Sueño con forjar imperios basados en cimientos compuestos de novelas de ficción juveniles. Así que básicamente, una ha ido vendiendo libertad a cambio de público, eso que he detestado en mis novelas siempre y que me he encontrado haciendo en el blog, sopresivamente. Quizás porque soy bastante consciente de la cantidad de gente que va a leer esas novelas y que por lo tanto no hay de qué preocuparse si quieres violar niños o quemar iglesias (curiosamente, ocurren ambas en sendas novelas que tengo terminadas... lo cual no dice nada bueno de mí).

Si lo lee tu familia, ya no puedes colgar ciertos indecorosos detalles, o algo por lo que se te pueda caer el pelo. Como aquella vez que me hice narcotraficante en un fin de semana.
Si lo leen en tu clase, seguramente algún día Pepa Antonia dirá la mayor burrada imaginable y no podrás comentar lo que te ha impactado porque sabes que su amigo Ataulfo la va a leer y se lo va a contar.
Si hay fans de la literatura juvenil, ya no puedes despellejar a la pastelosidad de turno.
No puedo hablar de mis novelas porque aburren a los muertos.
Tampoco de política, creencias religiosas, Salman Rushdie...


Pero realmente ¿No puedo? ¿O es más bien que no quiero? ¿Es que me importa a mí algo alguna de esa gente en el fondo? Y lo cierto es que si se ofenden por un simple post de una persona que practicamente lo odia T-O-D-O... se puede discutir en comentarios. Aunque últimamente estoy acostumbrada a los comentarios punzantes más que a las argumentaciones, pero supongo que así es la vida.
Y siempre he sido un poco tirando a gilipollas, bastante borde y finalmente, para rematar, rodeada de un halo de pedantería que no sé muy bien de donde ha salido cuando soy consciente de que no hay motivo para ella... No se podía esperar mucho más de lo que hay aquí ya.

¿Debería intentar reconstruir esa especie de patético diario que llevo aquí quizás como testigo de un nuevo año igual de insustancial que los anteriores?

Puede...
Que lo consiga es otra cosa.

PD: Estoy sin internet y eso, así que sólo me conecto en la facultad... lo que no me lo pone fácil.

sábado, 18 de agosto de 2012

Final

Terminé Silverdust. Han sido meses de trabajar duro (o no tan duro). De desesperación frente al ordenador por no poder escribir a más velocidad, noche en vela, muchas veces por el simple hecho de que no podías despegarte sin contar de ellos un poco más.
Mucho tiempo pasado con mis niños. Para ellos han sido un par de semanas nada más...
A mí me ha parecido una vida.
Y sinceramente, a veces me pregunto cómo narices voy a continuar sin saber que tengo que abrir la carpeta de "Silverdust" en acceso directo del escritorio del ordenador y terminar esas pocas páginas que me faltan para el capítulo nuevo...
Pero como dijo la propia Angelique en cierta parte... siempre tendemos a creer que estamos solos cuando no es cierto.
Son un pedacito de mí. Supongo que aunque escriba Crownless, o Changeling, o viente novelas más, siempre, en mitad de algún pasaje, de algún diálogo, me detendré y pensaré en Louis. En Christian. En los cabreos que pilla Coba por cualquier tontería de agárrate y no te menees, el muy...

Sonreiré y seguiré escribiendo. Y será un poco como si volviese a estar con ellos.

viernes, 22 de junio de 2012

La recta final

Acabo de abrir el documento del capítulo 17 de Silverdust (a las 5 de la mañana...).

Si sigo a este ritmo, pronto habremos acabado (si no hago como con Hellfire y digo de repente "Jajaja no " y me paro. Cosa que espero no hacer, además, esto es más serio y tal, lo que Hellfire no era. Ya, el nivel más o menos está igual, pero ES serio en teoría).
Y bueno... tras automemocionarme en una biblioteca con el 16 (un show) tampoco creo que lo vaya a dejar muy abandonado esta vez.

Sigh... no sé si me pone triste o no... por una parte, está bien terminar la puñetera novela por segunda vez , por otra... ains, mis personajes...
En Sangre y chocolate tenía la excusa de "Bueno, al menos escribo de nuevo a Lance... y luego corregiré los 6 primeros capítulos de Silverdust". Cuando terminé Sangre y chocolate me di cuenta de que necesitaba una reconstrucción completa, así que tampoco había de qué preocuparse.
Y aunque la mayoría sabéis que deseo con toda mi alma salir de este género (cada vez que lo pienso... y cada vez que me pregunto de qué estoy escribiendo me da vergüenza... aunque decirles de qué va Old Glory también sería un show) no puedo evitar sentir que voy a echar mucho de menos a mis niños... porque sí, siempre los tendré y serán míos. Serán una parte muy especial de mi vida. Pero nunca será igual a como lo está siendo ahora, mientras los escribo.
Así que será mejor que exprima cada momento con ellos al máximo ¿no?


miércoles, 20 de junio de 2012

Mario Casas starring as...


Sé que dije de hacer una entrada seria... de escribir, de nuevo, para aburriros...
Pero como me he dedicado a escribir en sí, os dejo una conversación chorra en su lugar para aquellos que tenéis ligeras nociones de quién es Lance en Sangre y chocolate o en Silverdust:


If curiosity kills cats we'd better teach the cat to fight back dice:
 te imaginas pelis de mis libros?
 una peli con silverdust?

[b]Si va a ser siempre así, quiero poder decidir[/b] dice:
 molaría
 molaría taaaanto

If curiosity kills cats we'd better teach the cat to fight back dice:
 molaría tanto que no va a pasar nunca
 xD

[b]Si va a ser siempre así, quiero poder decidir[/b] dice:
 xDD
 bueh
 soñar es gratis xD

If curiosity kills cats we'd better teach the cat to fight back dice:
 podrían hacer como con déjame entrar
 una peli española de hombres lobo
 y que los actores fuesen malísimos
 y Lance fuese Mario Casas
 xDDDDDDDDDD

[b]Si va a ser siempre así, quiero poder decidir[/b] dice:
 OMG
 xD

martes, 22 de mayo de 2012

Making of de Harry Potter

Mi cámara es un asco, lo sé...
Y se quedó sin pilas en lo mejor. Ya os pondré más cuando las tenga.