martes, 30 de agosto de 2011

Mierda, sí...

Bueno, parece ser que cuando una coordinadora te manda un mensaje apocalíptico en plan: Oye, que no tenemos tus datos y NO-ERES-ESTUDIANTE-ERASMUS-SIN-ELLOS. MUY URGENTE.
Debería añadir una postdata diciendo: pero ¡eh!, si tardas 8 días en responder, no pasa nada. Sigues viniendo.
Así que sí. Yo ya me había hecho a la idea de quedarme... me hacía mas ilusión... porque estoy muerta de miedo. Que sé que es una gran experiencia y tal... pero ¿Por qué la mayoría de los que me lo dicen no han pedido la eramus aún pudiendo?

Es como montarte en una caída libre, queriendo sentir el vertigo, y cuando estás en lo alto, sentir al tío de los controles gritar "Vaya, parece que los frenos no van", y contar esos tres segundos que tienes antes de que te suelten y te hosties. Voy a estamparme contra Londres...

Por suerte, como prometí, iré a ver a Silvia. Lo malo: mi madre me dijo que ni lo aprobaba ni pensaba ayudarme, así que yo, haciendo gala de mi suprema inteligencia, he fechado la vuelta en el 7 de octubre en lugar de septiembre....
Alguien va a matarme... xD
Llamaré hoy a información a ver que puedo hacer...

martes, 23 de agosto de 2011


No me puedo creer que de repente se me haya acumulado tanto trabajo en dA... me tengo que poner las pilas, más con lo lenta que sé que soy xD

Esta vez un personaje de Daesha terminado...

lunes, 22 de agosto de 2011

Feliz cumpleaños (atrasado) Pedro!!

No lo pude colorear antes, pero aquí está...
Eso te pasa por gustarte Hellfire... xD
Tengo una manera de disuadir a la gente para que deje de leer...magnífica.
Pues eso, te envío un súcubo por tu cumpleaños, auqnue Brian no lo apruebe >___<

Play dead



The Birthday Massacre siempre me recordará a la parte de la niñez de Susan (la chica tuerta, para los que no saben mucho de Old Glory) sin que pueda remediarlo... y bueno, aquí están Nathan, Susan y Ophelia (que aún no conocéis ni los que leéis Old Glory), si algún día arreglo y coloreo este dibujo, pondré la explicación de él, de momento... sólo dejo la canción por la que tiene ese nombre.




PD: Recordad que podéis votar ahí al lado en la encuesta para que no suba más tonterías al blog xD
pD2: ¡Ah tenía que decir...! Que lo de la pistola fue inspiración del dibujo de Hisaki-chan! seguid su blog :3
http://mistralwind.deviantart.com/favourites/42856986#/d3cnp5r

Libros

hace tiempo dije que haría una lista de los libros que me compre a Carlos Javier (pinchas en el banner del antro de los vampiros para más info) y bueno... se me olvidó xD
Así que, aquí va...

Descansa en paz- John Ajvide Lindqvist ( <3)
Conan el cimmerio - Robert Ervin Howard
Juego de Tronos -George R. Martin
Un pack de True Blood (que ha resultado estar escrito por una niña de diez años o alguien con un serio problema de vocabulario y expresión... "gracias" por las recomendaciones, sí... ¬¬)
Un libro de mitologías varias
La chica mecánica - Paolo Bacigalupi
(puede que se me olvide alguno... de hecho, casi seguro...)

Evidentemente, las joyas de la corona son Juego de Tronos y el de John Ajvide Lindqvist (ay... "Déjame entrar" *suspiro de adolescente*).

viernes, 19 de agosto de 2011

Previews



No hay capítulo esta madrugada. Lo siento, me faltan algunas hojas y estoy cansada de haber trabajado en regalos, commissions en deviantArt y una cosilla ya por puro vicio xD
Menos el regalo, que es secreto, dejo aqui los dibujos a medio hacer para que veais que no me escaqueo en vano...



Axos es un personaje de Daeshagoddes (bueno, no se llama así, pero es la costumbre de dA xD)



Y Susan de nuevo. La he hecho delante de mi prima Natalia, la pequeña, sí.
Soy una prima horrible, en vez de dibujarle pocoyós o algo así xD

De todos modos, hace un tiempo, mi madre me planteó la posibilidad de exponer el año que viene en Lanjarón algunos dibujillos, y me lo estoy pensando... además, hoy me lo han vuelto a decir y como que empieza a tomar unas dimensiones más reales... puede que una versión mejorada de éste entrase en lo que tengo pensado para la exposición. 5 dibujos de cada una de mis historias (bueno, de las 4 que tengo seleccionadas) y un trocito de texto de ellas de acompañamiento.
No suena del todo mal... y para el año que viene hay tiempo.



jueves, 18 de agosto de 2011

You give love a bad name

Capítulo ocho de Hellfire, manteniendo el ritmo aquí a las 5 de la mañana xD
La verdad es que hoy me acostaré pronto...

Esta vez, Bon Jovi, y las cosas poniéndose raras, liosas y... deberían ser serias. Pero no lo son.

¡Llevo más de la mitad de Hellfire ya! :D







miércoles, 17 de agosto de 2011

Arrows and Anchors

Tengo que confesar una cosa: adoro el sonido raruno de Fair to Midland... así que cuando he visto hoy por casualidad en spotify que han sacado nuevo Cd, casi me muero. Sólo dejar por aquí el nombre del grupo y si queréis echarle un vsitazo. Sí, son raros. Sí, no hay quien entienda lo que pollas está diciendo el vocalista (ahora más que antes, de hecho). Sólo he escuchado la primera canción del nuevo CD, pero... esa voz, esa música extraña... ains.
Si queréis darles una oportunidad... primero acostumbraos un poco a ellos, porque son... en fin, chocan xD






PD: Vale, estoy escuchando más del CD y... son ellos, definitivamente, me transportan de nuevo dentro de Silverdust, que la he escrito también a base de este grupo :)



Definitivamente, no sé porque son tan desconocidos...

Please, please, please, let me get what I want...

Asi que, por favor, por favor, por favor... déjame tener aquello que quiero (8)

Sí, los chicos de Hellfire se enfrentan a tiempos duros (quizá no tan duros, pero...)
Quizás es un poco precipitado, pero ante el éxito arrollador de la maratón, tengo pensado ventirlarme lo que me queda de Hellfire entre esta semana y la que viene...
A ver si hay suerte, que siempre digo que me daré prisa y me doy un cuerno xD

Aquí tenési el séptimo capi: LINK

Y la canción de The Smiths




Y también...
¡¡ESTO!!... xDDDDDD
Rick roll...
Ya sabréis porque alguna vez, si lo llegais a leer ...


Crownless #3

Bueno, esto es lo último que voy a subir de Crownless en el blog. No quiero agobiaros, pero si hay alguno interesado en seguirla (ilusa de mi, siempre atiborrándoos de mierda que leer... ¡huid, insensatos! xD), estará aquí http://www.fictionpress.com/~mistralwind
Me parecía feo dejar el capítulo uno a medias, así que... aquí están de nuevo Víc, Salazar y Mistral.
(Sí, suelo coger diminutivos cariñosos para mis personajes... agradeced que no es "Vicky", como mi personaje Dorian, al que llamo amablemente "Dory", o Fenrir, que es "Fen-Fen")
Como siempre, sin corregir, sin Q en el teclado y bla bla bla xD

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Nunca antes había pisado aquella sala, ni había oído siquiera de su existencia en el castillo, él, que presumía de haber crecido allí y conocer todos sus secretos. Pues bien, parecía ser que uno de ellos se le había escapado entre los dedos, pronto iba a comprender por qué.

A través de una de las paredes de la sala de armas, una especialmente descuidada y llena de muescas, espadas, arcos y lanzas amontonadas entre decenas de barriles, moviendo las armaduras hermanas, pesadas protecciones de combate, idénticas, pudo ver una pequeña apertura, apenas para que cupiese un hombre a la vez, encogido, sin poder más allá de un palmo delante de sí.

El rey tras él encendía una tea con sumo disgusto. Por lo general, se prefería iluminar las vías del castillo de cualquier otro método. O bien mediante minerales luminiscentes exportados de la antigua colonia Órdiva o también, por métodos de condensación mágica. Sin embargo, la confidencialidad del momento exigía también la máxima discreción, aún con la cercanía de un fuego si no prohibido, bien impregnado de toda la superchería cultural. Un funesto augurio mientras Víctor examinaba el camino de ultratumba que se abría paso en la oscuridad del estrecho pasadizo.

-¿Cómo nunca nadie me ha hablado de este lugar? Siempre se sabe, aún por rumores, de ciertos lugares secretos en el castillo, ya reales o bien inventados por algún bufón especialmente imaginativo.

-No tenías necesidad de saber de su existencia. Sólo yo quedo ya de todos los que ayudaron a construirlo, así que no debe de extrañarte. Siempre usamos las armas de la sala contigua y estas armaduras ya no son más que puñados de chatarra, viejas glorias de una etapa pasada. Ahora no harían más que estorbar al guerrero.

El muchacho aguardó a que su padre se acercase primero e iluminase con el rojizo resplandor las paredes de piedra plagadas de telarañas y una pegajosa humedad que se deslizaba entre las grietas y porosidades de la roca. Debía de hacer decenas de años que nadie recorría aquel sendero secreto, y se preguntó por primera vez qué sería lo suficientemente poderoso como para que su padre no hubiese querido revelar a nadie de su existencia. Un súbito y relampagueante sentimiento de orgullo le invadió al saber que era a él, precisamente, al único al que iba a descubrir aquel vestigio de su pasado.

-Sígueme.

Sentenció, simplemente, agachándose y pasando por entre el hueco, rozando las paredes con la túnica. Víctor no se hizo de rogar y tomó presto el camino de su padre.
El hedor a cerrazón y humedad le golpeaba y se fortalecía a medida que descendían casi a tientas por las escurridizas baldosas, mareándole, sintiendo las vaharadas de calor que llegaban del frente, de la antorcha que portaba Salazar. A pocos metros, cuando ya el resplandor de la abertura por la que habían entrado prácticamente desaparecía, de pronto el pasillo se ensanchaba, dándoles paso a una especie de mazmorra pequeña, igualmente impregnada del repugnante olor y despojos de las alimañas que se ocultaban en el castillo. Las chispas de luz que dejaba escapar el débil fuego de la tea dibujaban en dorado y naranja las siluetas y los bordes de la habitación, pero además, un altar en el centro.

Víctor contuvo el aliento para no soltar una exclamación cuando un par de ratas, asustadas por los inesperados intrusos, huyeron pasando a toda velocidad por encima de sus botas. La situación cada vez le parecía más alejada de la realidad cotidiana que conocía. Primero el consejo, la corona, y ahora aquello, precipitado todo por acontecimientos que ni siquiera había vivido…

Salazar se acercó hasta el altar de piedra y dejó la antorcha sobre este, iluminando así un hueco tallado en la piedra en el interior del cual descansaba un bulto envuelto en un sudario blanco. Sea lo que fuese que descansaba allá adentro, ambos sintieron como el calor húmedo del aire se desvanecía a favor de un helado sentimiento de inquietud.

-Sabes que si decidieses ir a por la corona de tu abuelo, ni yo ni nadie en este reino que preciase su posición o su nombre podría ayudarte sabiendo quién eres sin caer en desgracia.

-Lo sé, padre.

Respondió brevemente. A pesar de lo inverosímil de su regreso a la patria si decidía emprender el viaje, cada vez se le presentaba con mayor fuerza como la única opción que estaba dispuesto a tomar. No iba a renunciar a su nombre, ni mucho menos tratar de provocar una guerra insistiendo en ello contra el consejo, quizás porque sabía también que siempre habría personas dispuestas a discutirle su procedencia.

Estaba abalanzándose a las fauces del lobo tal y como sus enemigos querían, y aquello no le era una idea ajena. Sabía perfectamente lo que estaba haciendo, y pensaba aferrarse con todas sus fuerzas a la vida y a volver a toda costa victorioso. Aún cuando también pensaba que sus intenciones podían escasamente coincidir con los hechos que transcurriesen a partir del día de mañana.

Salazar se llevó la mano al cinto, siembre pendiendo de su cintura, con la espada siempre envainada en él desde que dejo de combatir en las campañas.

-La única manera que se me ocurre de hacerte volver es entregándote Arizasesh, pero es algo que no puedo hacer. Será lo primero que me reclamen al saber que has partido en la misión que te han encomendado.

Víctor no podía despegar la mirada de la figura blanca que descansaba en el hueco, olvidada durante años en el silencio de aquella oscura cripta. Lo que rezumaba de aquel lugar no era otra cosa que un frío glacial y un vacío inconmensurable que trataba de absorber el calor que le rodeaba. La llama danzaba, amenazando con apagarse, ondeando lastimeramente sobre la roca.

-No es mi intención pediros eso. No necesito un beneficio a costa de vuestro buen nombre.

Casi susurró. Su padre rió entrecortadamente.

-No es eso lo que estaba insinuando. No, Arizasesh permanecerá aquí, en Riverstone…

Deslizó una mano sobre la tela blanca que cubría la figura y el muchacho tuvo que contener de nuevo el aliento al sentir una dolorosa punzada en el pecho que se extendía como si ese extraño sentimiento de desdicha hubiese comenzado a extender sus raíces por entre su carnes y su sangre, buscando amarrase con tal profundidad entre sus huesos que fuese imposible volverla a expulsar.

Y sin embargo, la impresión pasó tan fugaz como había llegado, dejando una fantasmal impronta de nostalgia y sorpresa, al tiempo que Víctor reconocía los pliegues en el acero, los trazos perfectos, los bordes redondeados y hermosos de la empuñadura de una nueva espada muy familiar.

-Pero Arizasesh no es la única espada poderosa que poseemos.

El chico, a pesar del respeto que sentía, no pudo por mucho que lo intentó, más que dar un paso adelante, tentado por una virulenta curiosidad. Efectivamente, a medida que su envoltura de fina tela polvorienta se deslizaba emitiendo un suave arrullo, se iba descubriendo su metálica perfección, una espada maravillosa como sólo la había visto un par de veces en su vida, siempre en referencia a la que su padre llevaba constantemente al cinto.

Parecía imposible que mano humana o mortal hubiese sido capaz de idear y llevar a cabo semejante prodigio, en cuya sencillez y limpieza de líneas habitaba la paradoja de una ilusión de vida en un objeto inerte y de su cercanía en concepto a una muerte eficaz y centelleante que anidaba en su letal filo.

Yacía como una especie de entidad sacra incorrupta, contrastando con la sordidez del ambiente, sólo haciendo esto resaltar más la belleza de todo el conjunto de su construcción. Era idéntica a Arizasesh salvo por un detalle. Una salvedad que no obstante, ni disminuía ni aumentaba la fascinación de todos los que la hubiesen podido contemplar juntas por primera vez.

Su hoja era oscura, parecía hecha de algún metal que Víctor no había visto en su vida y que absorbía la luz que se encontraba a su alrededor, si bien Arizasesh creaba el efecto contrario, de una súbita luminosidad.

Ambos sintieron que el aire de la habitación se volvía más denso, frío, antinatural, como si la fuerza que dormía ya durante tanto tiempo atrapada en esos muros reconociese la presencia de ambos. Ellos miraban la hoja, sí, pero también podría haber parecido que esta, recostada contra la piedra, semienvuelta en su vestidura blanca, les devolvía la mirada.

-Galadrir es la contraposición de Arizasesh. Podría ser también la gloriosa, por sus cualidades. Como ésta, fue concebida para combatir cualquier enemigo de la nación, y en el momento en el que te encaminas a demostrar tu valía y tu linaje, esta debería servirte.

La extrajo con cuidado del hueco en la roca e igualmente con delicadeza, volvió a cubrirla con la sábana, haciendo que la opresión del ambiente se disolviese. Víctor sintió retornar a sus huesos parte de la calidez que había ido perdiendo desde el momento en el que la descubrieron.

-No obstante, he de decirte que, aunque te la entrego y estoy seguro de que ésta no permitirá que mueras por quién eres… no creas que Arizasesh o Galadrir son espadas corrientes, herramientas que puedes usar a tu antojo, sometiéndolas a tus deseos… cuando digo que no te dejaría morir, es eso justamente lo que quiero decir.

Se volvió y miró a su hijo detenidamente, con sus ojos verdes, que en la entrada a la vejez, habían empezado a clarear. Las arrugas en torno a estos se mostraban preocupadas, y su boca torcida, indecisa, entre la barba plateada resaltaba contra la sobria tela azul ahora cubierta de polvo y telarañas.

-¿Quieres decir… que poseen una propia consciencia? ¿Que están vivas?

-Quizás… sólo sé que deberías tener cuidado de no resultar siendo tú el dominado por ellas. Ese es el motivo por el que no se le confían a nadie. Su poder es sobrehumano precisamente porque poseen una fuerza y vida que se escapa a nuestra comprensión.

No podía entender del todo aquello que Salazar trataba de hacerle ver, y a pesar de ello, la imagen de la espada, la presión en el pecho y el desasosiego que había sentido eran un buen punto de partida para tomar en serio todo cuanto acababa de decirle.

-Pretendo que la lleves porque sé que ella no dejaría que murieses sin haber acabado tu misión. Sin embargo… no quiero que la desenvaines a no ser que te halles en un inevitable peligro de muerte. Siendo como es el viaje que vas a realizar, y si eres cauteloso, puede que sólo la necesites en el mausoleo de Amerista o nunca. Rezaré por ello.

Tendió Galadrir al muchacho y este, vacilando un instante, alargó la mano para sostenerla. Esperó un peso especial, equivalente a toda la importancia que recaía sobre ella, pero una ligera decepción le embargó al comprobar que en ese instante, no sentía nada demasiado diferente a lo que hubiese sentido sosteniendo cualquier otra espada.

-No puedo verte marchar, ni nadie ha de saber de tu paradero en cuanto pongas un pie fuera del castillo. Sólo serviría para que los Moonshadow tuviesen tiempo de mandar a sus asesinos tras tus pasos. Corre, simplemente. Huye todo lo lejos que puedas de la capital y piérdete un tiempo entre los pueblos de las montañas o los de la costa. No importa, siempre que andes lejos de la corte y sus ambiciones. Quizás puedas encontrar aliados inesperados en la gente menos digna a nuestro parecer de ello. Peculiarmente la gente que no tiene nada que perder sino un mundo por ganar podría servirte de ayuda.

Víctor reflexionó sobre los consejos de su padre y rápidamente las ideas brotaron en su mente, extrañamente despierta ante el sabor de la adrenalina en su paladar. Antes del amanecer se encontraría sintiendo el frescor del rocío estallando sobre su piel mientras su caballo se alejase a toda velocidad de la tierra por la cual moriría o regresaría siendo un héroe sin precedentes.

-Nunca nadie ha intentado hacer por lo que estás apunto de atravesar. Quiero que sepas que la dinastía de los Silverblood pocas veces ha visto tanto honor como el que acabas de desplegar ante los ojos de toda tu nación con tu decisión.

Por la mente del rey anciano pasaron todo tipo de pensamientos, que iban desde la fría despedida hasta la súplica de un replanteamiento de su decisión, una llamada a la sensatez, un desprecio por títulos inútiles a favor de una larga vida para su único hijo.

No obstante, no hizo nada, lo miró en silencio, incapaz de materializar sus humanas debilidades, como había sido enseñado, incapaz de atravesar esa barrera de orgullo que vez tras otra, lo convirtió en un extraño para todos los que conocían su nombre. Nunca nadie conocería de nuevo a Salazar, que había sido creado para ser la pieza más importante del tablero de ajedrez que era Riverstone, pero que en sí misma, ni siquiera resultaba útil para sus propios deseos.

-Gracias, padre. Volveré con la corona de Wendel o no regresaré, pero no permitiré que el consejo siga atentando contra tu nombre. -Tomó aliento, antes de añadir, incómodamente, una última palabra.- Adiós.

Abandonó la sala por el pasillo de tinieblas, sin mirar ni una sola vez hacia atrás, temiendo ver la debilidad y la pena de su padre, o quizás, más que eso, la ausencia de esta en sus ojos…

Salazar, sólo en la gruta, pasó la mano por el hueco vacío del reposo de Galadrir.

-Víctor… ¿Qué te hemos hecho?

Mistral estaba acurrucada contra el enorme arco de la puerta que daba acceso a la biblioteca, en un estado a medio camino entre el sueño y la vigilia, como un animal asustado, la percibía respirar con tranquilidad y ladear la cabeza ligeramente al escuchar sus pasos acercarse. Supo que la iba a encontrar allí. Había tenido la precaución de guardar antes la espada Galadrir en su habitación para evitar que nadie la viese y pudiese pensar que se trataba de Arizasesh, envolviendo más en aquel asunto a su padre.

Se dejó caer contra el arco él también al lado de su amiga, sintiéndose aplastado súbitamente por todo el peso de la responsabilidad que había ido acumulándose a lo largo de un solo día.

Suspiró hondamente, sabiéndose centro de la atención de la muchacha.

-Mañana por la mañana ya no estaré en el castillo. Me voy, Mistral.

No quiso dar rodeos, no tenía fuerzas para repasar punto por punto los motivos que le llevaban a su viaje, sólo cómo era el triste inicio de este. Expulsado de su tierra como un proscrito hijo de traidor hasta que su valía probase lo contrario.

-Me voy contigo.

Susurró ella, abrazándose las rodillas con mayor fuerza y ladeando la cabeza para apoyar la cabeza contra él.

-No. Eso no estaría bien. Cualquiera que me ofrezca su ayuda será igualmente proscrito. No tendrá futuro en Riverstone nunca más, a no ser que yo triunfe en mi búsqueda… pero eso es algo, no voy a mentirte, por ahora bastante incierto.

Ella negó con vehemencia.

-¿Qué futuro nos queda aquí si no es contigo como rey? No quiero vivir en un Riverstone donde hayan sido capaces de expulsarte de una manera tan vil. No sería capaz de soportarlo en silencio… ¿Y quién iba a impedir entonces que me colgasen cuando insinuase de nuevo al hijo mayor de los Moonshadow que pasa demasiado tiempo con ese enorme semental blanco que compraron el mes pasado?

Incluso en aquel momento, Víctor tuvo que contener una carcajada. La desvergüenza de su amiga solo era equiparable a la del padre de esta, incapaz de frenar su lengua a riesgo de más de una contienda sin importar la importancia de esta siempre y cuando considerase la causa o bien justa, o razonablemente divertida. Ese era el carácter que la había llevado a estar más cerca siempre de las simpatías de los nobles guerreros que de las recatadas damas casaderas de su edad. Ella misma se había confesado incapaz de enhebrar una aguja, mucho menos de bordar una sola inicial en ningún pañuelo que recogiese algún pretendiente.

-En esa ocasión, te libraste por poco. Si Tyrant Moonshadow no hubiese estado tan avergonzado de repetir tus palabras sobre su supuesto gusto por las bestias, podrías haber acabado mal esa vez.

-¿Bestias? Yo me refería al criado albino que hizo traer.

Comentó, con tono falsamente sorprendido, incapaz de disimular su sonrisa descarada. Víctor tuvo que llevarse las manos a la boca para evitar que alguien en algún aposento de los criados cercano les escuchase. Su risa contenida se hizo incontrolable y ronca, pero a medida que pasaban los segundo y sentía con mayor claridad la tibieza en sus mejillas de las lágrimas, supo que realmente estaba llorando.

-No quiero que vengas conmigo.

Dijo, finalmente, tratando de contener el llanto y de que Mistral no se diese cuenta de ello.

-¿Por qué no quieres?

Susurró ella, tras un momento de silencio herido. Sabía que aquello le había debido de doler.

-¿Qué clase de vida te esperará allá afuera si vienes conmigo? Proscrita, una vergüenza para tu familia, incapaz de regresa ni a Órdiva ni a Riverstone. Extranjera y traidora para siempre en tus dos hogares…

Ella dio un bufido irónico y divertido, puede que cansado también.

-¿Qué clase de vida me espera aquí, también? Ser la mujer de algún patán que ni siquiera podría ganarme en un combate a espada, alguien a quien, en teoría, para vuestra cultura, tendría que someterme como hizo mi madre cuando siguió a mi padre hasta Riverstone. Perdería el orgullo que me han enseñado a llevar como una terrible virtud, y yo no estoy hecha para sufrir semejante humillación. O si nadie llegase nunca a desposarse conmigo, algún primo lejano se quedaría las tierras de mi padre y su título en vista de mi incapacidad para procurarle descendencia a mi casta. Y seamos sinceros, las damas mestizas con una capacidad nula de autocontrol pero un manejo aceptable de la espada, las dagas y la magia no son muy recomendables entre las mujeres de la nobleza casaderas.

Él le pasó la mano por el pelo distraídamente y le reconfortó ver que, como siempre, no había manera de deslizarlo entre semejantes enredos aún con el pelo liso.

-Siempre me fascinará esa capacidad para describir tu situación con semejante mordacidad y despojo de todo tipo de recato.

-Es parte de esas cualidades encantadoras que hacen que los Moonshadow me tengan más miedo a mí que a ti. Te han echado simplemente porque saben que yo me iría detrás.

La noche era clara y se podía reconocer cada elemento de la biblioteca simplemente con el resplandor de la brillante luna en el cielo que se recortaba en las azules cristaleras. Los techos enormes enmarcaban sombras puntiagudas que bailaban al son del viento y sus aullidos, mientras el lomo dorado de algún tomo destellaba levemente en la penumbra.

-Justo antes del amanecer, ensillaré mi caballo y me iré de aquí. Piénsalo hasta entonces. Puede que te arrepientas.

Dijo, simplemente, antes de indicar con un leve estiramiento su marcha. Mistral se separó levemente y murmuró antes de hacer lo mismo.

-No cuentes con ello.

En el transcurso de una hora había recogido todo cuanto había creído preciso. Le sorprendió que su vida resumida ocupase el contenido de una sola bolsa de cuero, pero así era. Numerosas joyas para vender, ropa de viaje, no lo suficientemente dura, aún así, tendría que adquirir algo lo suficientemente rudo como para aguantar ese tipo de viaje. La espada que solía usar normalmente en los entrenamientos y por supuesto, Galadrir.

El secreto descenso hasta los establos no fue demasiado difícil. Parecía que los hados se habían confabulado con él para abrirle paso en las galerías nocturnas del castillo hasta su caballo sólo para hacerle menos amargo el último trago de melancolía. Había decidido partir con la suficiente antelación para que Mistral no pudiese seguirle, sino resignarse a permanecer allí, pero al percibir una presencia más en el establo, supo que se había adelantado a sus pasos una vez más.

También de la ausencia de guardias.

-Dormir a la gente nunca me ha supuesto un esfuerzo excesivo, sobre todo si estos ya de por sí están cabeceando por el pasillo. Empezaba a impacientarme porque no llegabas.

El muchacho no le contestó, no demasiado sorprendido por el hecho de que, en efecto, su amiga le conocía demasiado bien en ocasiones.

Ella salió de entre las vigas del establo, amarrando fuertemente una hermosa e imponente yegua blanca, “Buen Presagio”, vestida con la ropa masculina pero ligera que normalmente llevaba para entrenar. Se había cortado el pelo.

-Creí que quizás así sería más práctico.-Comentó, algo avergonzada, pasándose la mano por lo que quedaba de la larga melena castaña que había acariciado hace unas horas.- Sé que aquí el pelo corto significa que has sido castigado por algo, pero en mi tierra significaba duelo y cambio… además, no es muy práctico pelear con el pelo largo o llamar la atención arrastrando a una chica.

Víctor asintió, buscando y palpando el hocico de su propio caballo negro, “Silencio Nocturno”, este le devolvió un leve cabezazo mientras aceptaba la golosina que le tendía.

-Creo que hemos pensado en lo mismo…

Señaló, mostrando su cinto rojo alrededor de su cintura.

La chica enmudeció un instante, abriendo la puerta y contemplando la extensión nocturna que se abría ante ellos. Un mundo desconocido y hostil.

-Entonces es una despedida ya ¿eh?

Víctor, terminando de atar las bolsas a la montura de Silencio, de un salto se montó sobre su corcel.

-Sólo de momento… volveremos aquí, creo que de eso…- palpó la bolsa en la que estaba guardada Galadrir.- podemos estar seguros.

Mistral dejó escapar un bostezo antes de alzar las cejas con incredulidad.

-Como digas, pero esa seguridad de ahora no la tendrías si yo no hubiese decidido adelantarme a tu pequeña trampa para dejarme atrás. Sin mí no durarías dos días. Allá afuera.

Presagio sacudió sus crines y relinchó ante el brusco montar de su dueño, y esta le tuvo que chistar, incómoda y presurosa.

-Quizás estoy recibiendo más ayuda de la que merezco hoy, sí… y por eso precisamente sé que volveré, en el camino de salida hay buenas señales marcando mis pasos.

Sin esperar más, espoleó a Silencio Nocturno, que preparado para la carrera, salió raudo, sorprendiendo a Mistral y Buen Presagio en lo precipitado y animado de su salida.

Contagiada por último golpe de buen humor y miedo a quedarse atrás, apremió a su yegua blanca a salir tras la veloz sombra que empezaba a difuminarse, diluido en el firmamento nocturno y el plateado acompañamiento lunar.

Las estrellas de esa noche brillaban con especial fuerza, arropándolos ante el frío y los pensamientos amargos de destierro, pues ya habría cabida para ellos más adelante. De momento, sólo las expectativas de gloria y la infinita esperanza abarcaban sus jóvenes corazones en las tinieblas previas a la luminosa alba.



martes, 16 de agosto de 2011

Lo que hice en mis vacaciones

Sí, cual manifiesto revolucionario (los que hayáis leído "Tiempos interesantes" lo entederéis).
Que el día empezase con mi madre preguntando "¿Qué quieres de desayunaBUARHGRL..." (sí, fue al baño y vomitó, con lo cual, no, no quise desayunar...) no me anunció nada bueno.

Mi hermano me puso mote nuevo: Cacahuete. Y cantó una canción nueva, titulada "Cacahuete en Marbella". El día que aprenda a grabarle con la cam del portatil, sé que seréis felices.
La parte que respecta a mi prima y mi hermano no ha ido tan mal.. En verdad, podía medio hablar con mi prima la kender sin problemas... aunque mi hermano dijese que en la furgoneta del novio de mi madre parecíamos el equipo A y ella (obsesionada con ponerse muy morena) sería Mr. T (yo quería ser Murdock, pero me tocó Fénix U.U).
En fin. Sí, nos paseamos por Málaga en la Bat-furgo, pero lo más que hice fue:

1. Escribir
2. Leer, oculta de la luz del sol
3. Tener actitud cínica y taciturna.
4. Pelearme con Ernesto (y los demás, a menor escala)

Con única noticia del exterior los sms de mi esclavo, Dante (mi amigo, no el de hellfire), que informaba de como iba el comic que pretendemos enviar al concurso de Norma, que eran algo así como:
"Oh, excelsa ama, tenemos ya 6 páginas de Lineart"
y yo respondía (cuando aún me quedaba saldo) algo así como:
"Excelente, esbirro, más te vale tener 8 cuando vuelva, o mi ira caerá sobre tí en forma de extracción de los órganos vitales con una cuchara del té"
También puede que fuera solo un "Vale", pero no lo recuerdo con claridad...

Bueno, y como debe de ser el único punto del mundo en el qeue no hay wifi... a menos que decidas ir durante un tramo de 15 minutos de carretera, a pleno sol, andando hasta el bar más cercano, con el portatil en la mano y unos neones etéreos sobre tu cabeza que dicen "Róbame/Atropéllame"

Cuando llegué a ese pequeño lugar de casitas blancas chiquitinas rodeadas de su parcelita de césped y su comedorcillo común, pensé "Esto debe de ser el infierno..."
Y lo fue.
Pero gracias a Dios he vuelto. Las secuelas serán terribles y traumáticas, como en el Vietnam, pero confío en que las pesadillas llenas de turistas y playas desaparezcan pronto con un poco de tratamiento...

También... y hablando de tratamiento... mientras yo descubría la maravillosa FNAC (en Granada no hay, malditos tercermundistas que somos... primero sin starbucks, y ahora esto xD) y decidía que por 5º año consecutivo, no hay botas militares para mi, porque he gastado... no diré la cantidad, pero os aclararé que el encargado vino a buscarme con una bolsa para que echase los libros porque en palabras suyas, "se me iban a descoyuntar los brazos del peso"... en fin, muchos libros... Mi madre, a su vez, urgaba en la zona de "autoayuda" un libro para solucionar las taras de su hija problemática (Yo). No problemática en el sentido "me drogo y bebo", pero sí en el "Cualquier día se te lleva telecinco y hace un reality en el que la gente tenga que soportarte diez días seguidos para ganar un millón de euros...y aún así, perderían".
Se llama Aprendo a Vivir, y tiene a un tío sonriente en la portada. Sólo un libro de Jorge Bucay o Paulo Coelho podría darme más grima que esto.
Supongo que es verdad que tengo un carácter difícil, pero es que... entrenarse para ser un instrumento del mal es así.
Pero bueno, asumí...
Y el resto de días fue una lucha constante para que bajase a la playa mayormente infructuosa por la dificultad comunicativa, pues meintras yo leía, mi madre decía, y esto es lo que ella pensaba que salía por su boca:

-Querida hija ¿Tendrías la amabilidad de acompañarnos a la playa a tomar un refrescante baño y algo de refrigerio?

Y yo entendía lo siguiente:

-¡Astaroth, Lucifer, Belial, Oh, caído, Adversario, Destructor de Reyes, Gran Bestia a la que llaman Dragón, Vástago de Satán y Señor de las tinieblas, arrastra a esta niña hasta la playa!

Creo que se quedó en un punto medio, pero...
En fin... algún día tendré suficiente dinero como para irme a un monasterio en mitad de una montaña perdida (a ser posible, que tengan wifi) aislada de todo ser humano, en comunión con el silencio, la naturaleza, el universo... y con la playstation 3


PD: ¡Ah! Iba a hablar de la maratón. La he hecho, tengo 76 páginas, pero no sé si subirlas, más que nada por la pérdida súbita de comentarios y visitas que ha ocasionado (aunque hay por ahí gentecilla que adoro que si me ha dicho cosas :D) . Creo que lo que va a causar la catastrofe del 2012 seré yo con una novela a este paso: Interesados, pasaros por fictionpress esta noche que los colgaré, o mañana, o cuando queráis

martes, 9 de agosto de 2011

Crownless #2

Capítulo uno

La luz otoñal entraba entre los pliegues de los lobulados arcos del castillo hasta el pequeño pato interior, bañándolo todo en la clemente y dorada luminosidad del atardecer, tiñendo de oro hasta el más humilde detalle del diminuto jardín, reflejándose en las cambiantes ondas del agua de la fuente, que borboteaba sin descanso, inquietando más que tranquilizando al muchacho que allí aguardaba el veredicto del consejo. Casi hubiese podido trazar un surco entre las vegetación que allí adentro crecía, dirigiendo sus verdes brotes hacia la clara y alta luz del sol.

El joven lanzó una mirada furtiva alrededor, alarmado por los pasos, esperando que la puerta de la sala del consejo se abriese, pero no obtuvo respuesta por parte de los ancianos. Aquel ruido de proximidad tenía distinta procedencia, y al segundo, lo supo, identificando perfectamente aquel rítmico caminar y la impronta de cada pisada como si fuesen los suyos propios, sonriendo.

Pronto la vio aparecer con casi timidez entre las columnas de la pasarela asomándose al interior del patio y descendiendo con prisa contenida a duras penas los escalones que los separaban. Haciendo perfecta omisión, como siempre, del protocolo que debería haber reinado entre ambos, se dirigió a él una vez más como a alguien de su propia familia.

-Aún no sabes nada ¿verdad?

El muchacho negó con la cabeza, sentándose en uno de los bancos de piedra, de formas rectas y de impresión compacta e impasible ante las inclemencias del tiempo y los años.

Ella se apartó el pelo castaño enmarañado de la cara con un rápido movimiento de sus menudas y blancas manos, algo más ásperas que el del resto de damas de la corte debido a la práctica de su secreta afición. Seguramente ni siquiera se había parado a esperar a que alguien del servicio la ayudase con los cuidados vestidos que se veía obligada a llevar allá en la capital del reino, como pudo comprobar en seguida él al ver los cordeles del corsé pendiendo lacios sobresaliendo de los ojales entre la tela bordada de rosas silvestres.

-¿Llevas viviendo aquí prácticamente diez años y aún no te has acostumbrado a esperar a que tus damas te ayuden a vestirte como es debido?

Repuso él, Indicándole que se diese la vuelta y asiendo los cordones, tratando de recordar la manera correcta de anudarlos cuando se trataba de vestimenta nobiliaria. Algo que no hubiese necesitado saber de no haber tenido a Mistral de amiga. Tensó al máximo el nudo, conteniendo una carcajada al sentir que la chica perdía el aliento con un leve hipido.

-¿Queréis matar a alguien aquí con estos vestidos, Víctor? A veces sospecho que los trajes que me hacen llegar son un intento mal encubierto de acabar con mi vida…

El chico recogió su pelo y lo dejó caer por un lado de los pálidos hombros, pues allá en Riverstone rara vez se tenía la oportunidad de contar con un día claramente soleado sin que este se viese súbitamente interrumpido por la lluvia esporádica, para así poder ver con claridad el nudo. La muchacha trató de verle de reojo mientras Víctor terminaba su tarea con más dificultad que gloria en ello.

-Cualquiera que nos viese de esta manera podría tachar mi carácter de indecente…

Aventuró ella, sonriéndole con una chispa de humor y vergüenza.

Él soltó el cordel, ya terminado, y cogiéndola por los hombros, la hizo darse la vuelta.

-Créeme, ya no se puede hacer demasiado por tu fama aquí.

Dijo, al principio tratando de permanecer serio, pero finalmente mascullando entre dientes para evitar reírse de la cara espantada de Mistral, arrasada por el rubor y unas pocas pecas bajo los ojos grandes y grises que le miraban con reprobación.

-Oh, bien, me gustaría saber que otra persona, mujer u hombre, aguantaría tus delirios caballerescos día tras día sin desistir en el intento y a cambio sólo ganarse una inmerecida fama de díscola.

-Si no te presentases a medio vestir en los patios, quizás eso pudiese arreglarse en parte.

Mistral se cruzó de brazos y bufó justo como solía hacer cuando se conocieron, cuando sólo contaban con nueve años y ella acababa de llegar desde Órdiva, la antigua colonia de Riverstone en el sur del continente. En principio, iba a pasar con su madre sólo unos dos años, pero entonces, una súbita revolución interna hizo que perdiesen para siempre las tierras y que sus esperanzas de volver se desvaneciesen al instante ante el peligro de muerte que suponía que la realeza septentrional osase reclamar sus tierras allí.

Sea como fuere, había en Mistral una fuerza combativa que chocaba directamente contra la languidez de la gran mayoría de las damas que rodeaban el círculo real. Nunca había trabado amistad con ninguna de ellas, a pesar de sus intentos infructuosos, y sin embargo, podía pasar hora tras hora viendo como su padre combatía con la espada en amistosos duelos o montando a caballo con él por los amplios territorios colindantes sin resentirse por ello ni quejarse en absoluto. Su crianza mixta entre realeza nórdica y austral había hecho de ella una peculiar chica que lejos de sentirse intimidada, había encontrado en Víctor, nada menos, a un compañero de fechorías al cual le convenía menos que nadie verse en ocasiones arrastrado a una vorágine de picardía y curiosidad nunca mal intencionada, pero sí casi siempre, poco diplomática.

-No tengo la culpa de que vuestros vestidos sean tan incómodos. La túnica que uso en los entrenamientos no me importaría llevarla constantemente, o incluso las ropas de equitación o de esgrima. Pero todas estas sedas, corpiños, enaguas y terciopelos a veces hacen que me sienta…asfixiada.

-Sigues hablando como una maldita extranjera después de llevar más tiempo aquí del que pasaste en tu tierra natal. Incluso conservas ese rebuscado acento. Si sigues renegando de la capital, algún día ni yo podré evitar que te cuelguen.

Se volvió a vigilar como un par de guardias que hacían la ronda y doblaban la esquina los observaba a lo lejos, tratando de parecer que su mirada en la dirección de ambos era casual.

Entrecerró los ojos verdes esmeralda con suspicacia, turbado por lo desierto que estaba el patio aquella mañana, como si todos supieran exactamente los problemas que se estaban cociendo en la sala del consejo.

Su amiga puso los brazos en jarra, sobre la cadera acentuada por el ajustado corsé bordado y las numerosas capas de gruesa tela parda clara de la falda, tratando de mostrar una actitud directa e inquisidora.

-Vamos, deberías tranquilizarte ¿Qué es lo peor que va a pasarte a ti, oh príncipe heredero de Riverstone? ¿Temes que alguien trate de quitarte el puesto?

Parloteó, con una actitud abiertamente dispuesta a la broma y el escarnio de su miedo, y sin embargo, el primer impulso de Víctor fue contestar un simple “sí”. Se sentó en el banco de piedra, no obstante, y trató de no mirar a la muchacha a los ojos, cubriéndose con el cabello rubio.

-Supongo que tienes razón. Y sin embargo… sé que hay algo en todo esto que no me gusta. Tantas horas… tantos días debatiendo el tema… El consejo realmente me quiere fuera de aquí. Quieren un cambio de dinastía reinando.

Mistral bufó de nuevo, soplándole a uno de sus claros y lisos mechones castaños para que se apartase de su frente, al tiempo que respondía al pesimismo de su amigo con desgana.

-Con todo el respeto que aquí le tenéis a ese grupo de ancianos, creo que poco pueden hacer contra la voluntad de tu padre, Víctor.

-Esto no es Órdiva, Mistral, el sistema de castas aquí no funciona tan bien. Puede que hayas nacido hijo de rey, pero… a veces pesan ciertos actos anteriores. Nuestros crímenes no quedan impunes. Pagarían justos por pecadores, pero al menos, pagaría alguien…

La pálida luz, reflejada contra los muros de sillares marfileños y envejecidos del castillo, iluminó por un momento las facciones espantadas de la chica, y Víctor por un momento pensó que había conocido en sus palabras el horror que él pensaba, podía acontecerle. En cambio, pronto escuchó algo más entre la calma de las paredes de palacio.

-Víctor, tenemos que hablar.

La muchacha se precipitó en una pronta e improvisada reverencia, mientras que el chico simplemente se volvió, ansioso y espantado ante la seriedad de su padre.

-Majestad…

Susurró Mistral, palideciendo también ante la gravedad de la voz del monarca. Pocas veces, a pesar de la amistad con su hijo, había tenido ocasión de verle tan de cerca.

Salazar sin duda era un hombre imponente, alto, de una compostura gallarda y honorable, un largo pelo que en otras épocas, fue de un rubio ceniza distinto al tono más dorado del de Víctor, herencia, según decían, de su abuelo.

Aunque también había otros caminos más retorcidos que llevaban a una conclusión similar entre las habladurías de la plebe.

-Si nos disculpas, Mistral, me gustaría hablar con mi hijo a solas un momento.

Ella asintió con una reverencia, agradecida de tener una excusa con la cual huir de la presencia del intimidante soberano, dándose la vuelta al instante y reprimiendo las ganas de correr mientras se alejaba a una distancia más que prudencial. Sin embargo, tomó la decisión de esperar las noticias de Víctor frente a la biblioteca de palacio dónde este solía refugiarse en sus momentos de reflexiones regias que a medida que crecía, se hacían más frecuentes.

En cuanto desapareció de la vista de ambos, serpenteando entre los arcos de los pasillos del patio y las enredaderas que plagaban los muros de piedra, el rey suspiró.

-Seguís siendo buenos amigos ¿no es cierto?

-Siempre.

Salazar asintió, pensativo.

-Quizás algún día ella y tú…

Víctor atajó la conversación al instante, sabiendo en ese momento que algo iba tremendamente mal al respecto del consejo. Su padre nunca hubiese insinuado tal idea. Mistral una extranjera con una sangre mezclada, unida de alguna manera a la imagen de un heredero al trono era una idea que al rey siempre le había repulsado, aunque en cierta forma, tolerase la amistad y el compañerismo que hubiese podido desarrollar con Víctor, quizás porque no la pudo atajar antes. Aún así, lo que estaba proponiendo ahora quería dejar ver un descenso de rango por parte de Víctor. Justo como se había temido.

-¿Qué estás tratando de decirme, padre? ¿Qué ha pasado en el consejo hoy?

Cada vez su alarma se hacía más justificada mientras los ojos verdes claros de su padre escrutaban las paredes, buscando ojos u oídos indiscretos que pudiesen delatarle por hablar con su propio vástago. Víctor quiso aferrar su túnica larga azul y tratar de hacerle recuperar la compostura reconfortándole tal vez en la lealtad y devoción que como hijo le profesaba. Sin embargo, hacer ademán de tocar al rey, aún en su visible desesperación y temor, era algo que no podía concebir, ni siquiera en su posición. Había sido criado como un guerrero, no como un hijo, y acorde con eso debía de ser su actitud.

Cuadró su postura, incómodo, y aguardó a que Salazar terminase de inspeccionarla estancia. Algo no debió de agradarle del todo, pues torció el gesto de súbito y le indicó con un ligero movimiento de mano que le siguiese.

-Será mejor que mientras te cuento lo sucedido, paseemos hasta algún lugar más tranquilo.

Víctor asintió inclinando la cabeza y entrecerrando los ojos.
-Por supuesto, majestad.

Las vistas desde el mirador de la torre hasta la ciudad eran de una belleza que hacía enmudecer a los pocos privilegiados capaces de poder apreciarla a aquellas horas en las que el sol estallaba contra el horizonte y sus llamas se extendían por el firmamento como si prendiesen en ellas todo el reino de Riverstone. Aún así, también era algo sobrecogedor para los habitantes del país, principalmente por su ancestral tabú: el fuego.

Víctor contempló hacia abajo las calles empedradas con la roca clara que se extraía en las canteras de los alrededores, de la misma con la que habían construido hacía tantos siglos el castillo. Podía distinguir a la gente, diminuta, caminar y dejar transcurrir sus vidas a sus pies, inconscientes de que las observaban y allá arriba tomaban decisiones que podían ser para ellos, trascendentales. Aquello, pensó Víctor fugazmente, era lo más parecido a la vista de un Dios que podría encontrarse sobre la tierra.

Lo cierto es que la ciudad había ido creciendo tan progresivamente, pero había llegado a abarcar tanto espacio, que las casas del centro de la ciudad que rodeaban al castillo poco tenían que ver en su construcción y diseño con las que habían ido surgiendo en el exterior, además de que, dependiendo de sus dueños, los materiales, sus colores y su tamaño variaban considerablemente. Los extranjeros de las anteriormente numerosas colonias solían adaptar las construcciones de su país y sus estilos. Los más adinerados podían incluso traer parte de los materiales con ellos en los barcos o las carretas de comercio, y sin embargo, llegaban en ocasiones a estar situados a pocos pasos de la más tradicional de las viviendas de Riverstone, dando lugar a una ciudad laberíntica y heterogénea, casi un organismo compuesto por miles de personas que respiraban bajo un mismo cielo del atardecer y cuyo bullicio y barullo innato de la ciudad capital se fundían perfectamente para crear el latido del corazón de la urbe, profundo, ronco, múltiple y extrañamente hermoso.

Sus ojos pasearon por los tejados de distintas piezas de barro cocido o de lajas de diversos colores, encajando como puzles con la casa contigua, dándose cuenta de lo hermoso que había sido siempre su dominio, aunque no lo percibiesen, y justo ahora, que temía perderlo. Aquello era suyo, era como una prolongación más de sus ser en lugar de cómo muchos consideraban, una pertenencia material. La llama del sol decadente comenzaba a hacerle arder la vista, dejando la huella luminosa en sus párpados cuando al fin, decidió suspirar y cerrarlos. El mar, a lo lejos, más allá de los confines del reino, se tragaba al astro rey.

-¿Qué ha pasado hoy en la sala?

Reiteró, suavemente, cansado, dando la espalda a su reino para centrarse sólo en la figura de Salazar que se recortaba entre la oscuridad creciente del firmamento. Algunas estrellas, prendidas en el azul marino, empezaron a centellear junto a éste, acompañándolo en su pena y su revelación.

-Quieren destronarte antes de que siquiera puedas alcanzar el poder. Pero supongo que eso para ti no es una gran sorpresa.

El muchacho bajó la mirada, conteniendo la pena por tener finalmente confirmación a todos sus temores.

-Realmente no. Era algo que temía en el mismo instante en el que el consejo me negaba la entrada a sus sesiones. Sin embargo, no puedo evitar preguntarme el por qué exacto de esta ofensa, aunque ya lo imagine.

Procuraba esconder todo rastro de sus emociones, como había sido enseñado, a pesar de la desolación que sentía treparle la espalda e instalarse en algún punto indeterminado a medio camino de su pecho y su garganta. Un nudo le impedía hablar con toda la serenidad que hubiese querido emplear en presencia de su padre.

Salazar juntó las manos en un gesto de concentración profunda, como si le costase un excesivo trabajo tener que poner en voz alta los pensamientos y los rumores que habían habitado en la mente de todos.

-Hace casi ya veinte años, cuando tu madre aún vivía y tu tío Vincent no había sido desterrado, la mordaz lengua de muchos actuales conspiradores susurraba en los rincones que su simple y noble amistad no era otra cosa que un secreto romance entre ambos. Tonterías, por supuesto.

Las manos del rey temblaron visiblemente mientras aferraba su antiguo anillo de boda, nervioso y azorado por la vergüenza de tener que confesarle aquello a Víctor, y la agilidad mental del chico en ese momento se encontró debatiéndose entre la evidencia de que parecía que en el fondo, al rey aquello no le parecía un hecho tan inverosímil, y su fidelidad y completa ceguera ante cualquier cosa que pudiese afirmar su soberano.

-Sea como fuere… hubo muchos rumores después del destierro de Vincent por traición a la corona y a tu nacimiento que ponían en duda…- Le tembló la voz.-en fin, la legitimidad de tu nacimiento.

El silencio les sobrevino a ambos. El rey, por lo general sobrehumano y envuelto en un halo de regia sobriedad estaba allí, ante él, con un apocamiento que nunca antes había visto. No conocía a su padre y por supuesto, su imagen de él era la que él había estado formando desde una niñez distante.

Trató de tragar saliva, pero la boca se le había secado. A pesar de la firmeza que creía tener, aquellas declaraciones, que no le eran del todo extrañas, en boca de Salazar le sonaron a sentencia de muerte.

-Pero eso es una acusación muy grave y no hay pruebas para afirmarla. Tiene que haber una manera de desmentirlo ¿no? Algo que nosotros podamos hacer. Han tenido que dejarnos alguna salida.

“Por desagradable que esta pueda llegar a ser.” Pues sin ninguna duda, si su padre (se negaba a creer que fuese de otra manera) no se la había contado aún, debía de ser algo terrible.

Bajó la cabeza, y de nuevo calculó sus palabras antes de pronunciarlas, procurando no mirarle directamente a los ojos, algo que Víctor no pudo evitar notar.

-Quieren que recuperes la corona de tu abuelo de su tumba en Amerista.

Comprendió entonces el desánimo de su padre y no pudo evitar lanzar una exclamación de horror ante lo terrible de la idea.

-¡Pero eso es completamente imposible!

Su padre le miró, entristecido, sintiéndose más viejo e impotente de lo que nunca se había sentido en la vida. Se acordó de su padre, Wendel, y trató de comprenderle en vano.

-Lo sé… y desgraciadamente, ellos también.

Tratar de recuperar algo de la tumba de un rey en Amerista era un suicidio, y todos allí lo sabían. Una vez se enterraba al rey con sus pertenencias, no había retorno. Uno veía alejarse a los barcos fúnebres con los largos estandarte rojos a los costados y podía estar seguro de que nunca en su vida volvería a verlos.

Víctor se dio la vuelta y contempló una vez más la ciudad, tratando de calmarse al respecto. Todo cuanto amaba estaba allí, a la vista de esa torre, y trataban de arrebatárselo sin que le pudiese luchar siquiera.

-¿Cómo han podido llegar hasta este punto? ¿Cómo se lo han podido permitir?... Eres el rey, y yo soy tu hijo. Nadie debería poder nunca cuestionar eso sin consecuencias.

-¿Es que estás cuestionándome tú ahora mi autoridad sobre el resto del consejo?

Preguntó Salazar con rudeza, incriminatorio. Víctor trató de rehacerse al instante.

-No, yo no quería…

-Pero tendrías razón.- Cortó el anciano al instante.- Soy viejo y pertenecemos a una familia que ha pasado por etapas muy duras para la nación. Es normal que tiendan a forzar un cambio de estirpe… puede que nada de esto hubiese pasado si Vincent no hubiese resultado ser un traidor, pero…-Se mantuvo un momento en silencio, para después mirar a Víctor con detenimiento, buscando alguna pista de lo que pensaba en su rostro.- pero los acontecimientos han resultado ser así. Sé que parte del pueblo cree también en esos rumores, y a mi parecer, tenemos la opción de bien no oponernos al consejo, lo cual sería prácticamente aceptar las habladurías como ciertas, aún sin declararlo abiertamente. Los hijos de los Moonshadow entrarían también a formar parte de los herederos al trono por proximidad a éste. O bien, oponernos a él, lo que probablemente provocaría una división en las opiniones del pueblo y en nuestras fuerzas. Estoy bastante seguro de que una mayoría de los habitantes de Riverstone se mantendrían fieles a la casa Silverblood, con rumores o sin ellos… quizás si…

-También… - interrumpió Víctor, apretando los puños.- también podría ir a por la corona de Wendel.

El rey lo miró, incrédulo, casi como si esperase que el muchacho en seguida se retractase de sus peligrosas palabras.

-Eso es lo que ellos quieren, Víctor. Quieren que salgas y mueras allá afuera para dejar un camino limpio a cualquiera de los dos hijos de los Moonshadow.

-Pero eso no causaría ningún daño a nuestro pueblo, no se fragmentaría a la gente, no sufriría como tuvo que sufrir con las guerras del Ópalo hace veinte años.- Exclamó Víctor, alzando la voz más de lo que el protocolo permitía, pero incapaz de retener aquella vorágine de indignación y la súbita marea de dignidad y honor que le inundaba ante las insidiosas y taimadas acciones del consejo. No podía permitirles salirse con la suya y difamar de esa manera a su padre y a él mismo.- Riverstone no se merece todo ese dolor de nuevo. No quiero ver a mi reino fragmentado, padre… pero sí me gustaría ver como ese consejo de ancianos se inclina ante ambos y reconoce nuestra soberanía. Limpiaríamos todas las traiciones, todos los errores y pérdidas que hubiésemos podido tener con sólo un simple gesto.

Su discurso le inundó los ojos de lágrimas y su garganta comenzó a arder con la retención del llanto. Aquella imagen utópica quizás era demasiado hermosa como para ser alcanzada algún día.

-Nunca nadie ha robado nada de un mausoleo real en Amerista.

Contestó simplemente Salazar. La brisa nocturna removía sus cabellos plateados ante la oscuridad que ya se había extendido por completo en el cielo, cubriéndolos, privándolos del doloroso ejercicio de mirarse a la cara mientras confesaban sus difíciles opciones.

-Yo no voy a robar nada a nadie. Cogeré lo que es mío por derecho, lo que se me ha exigido en prueba de mi linaje, que soy digno de llevar esa corona. Además… nunca nadie lo ha intentado.

El rey carraspeó para aclararse la garganta antes de contestar. No podía creer que Víctor pudiese considerar siquiera esa opción como algo viable.

-No lo han intentado porque es tan inútil como intentar capturar la luna. Simplemente no se puede, va más allá de la capacidad de un simple hombre.

El chico sonrió, en las sombras. Recordó todos los cuentos extranjeros que la madre de Mistral le había contado a escondidas, todas esas leyendas tan diferentes de sus propias creencias las cuales tenían a Amerista por un territorio sagrado y casi intocable. Quizás sólo fuese un pedazo más de tierra, aunque se negasen a admitir aquello.

-No soy un simple hombre sin más. Soy el último de los Silverblood, los forjadores de Arizasesh, la gloriosa, y además, soy tu hijo…- Se detuvo, inquieto, con la pregunta que quería formular arañándola la garganta y el pecho, pugnando desesperadamente por salir.- Porque eso es lo que soy ¿no, Padre?

El silencio de la noche se prolongó indefinidamente en esos escasos segundos, una paradoja torturadora y hermosa bajo la luz de una luna aún transparente en el cielo otoñal.

-Por supuesto.

Fue todo cuanto necesitaba oír para tomar la decisión que cambiaría radicalmente todo lo que tenía concebido en menta que sería su vida. Asintió lentamente y pensó en el largo viaje que iba a aguardarle.

-Pero eso no será suficiente para que completes el viaje con éxito. También necesitarás amigos que te acompañen, aliados, y no únicamente me refiero a esa virago que tienes por compañera de entrenamiento. Es cierto que todo el entrenamiento que has recibido sobre el combate es muy superior incluso al que recibí yo, y tus habilidades me sobrepasan notablemente desde en el momento en el que, a los dieciséis años, lograste desarmar a tu maestro.- Víctor desvió la mirada, turbado por el súbito halago que estaba recibiendo de un padre que nunca había mostrado la menor condescendencia con él.- sin embargo, eso no hará que regreses vivo de Amerista, y ni a mí ni a tu dominio les sirve para nada un príncipe muerto.- Una nueva pausa. Más larga, más oscura.- Ven conmigo. Creo que sé qué es lo que podría hacerte volver.