martes, 5 de julio de 2011

El hotel

El hotel de mi tío es un trocito de mi. Y sí, pocas veces me vais a ver decir este tipo de cosas, prodigándole amor a este edificio/armatoste. Es viejo y no tan moderno como todos pensamos que debería ser un hotel (yo la primera). Es el motivo de que yo no le tenga miedo en absoluto a la película del resplandor, el que tener piscina y alojamiento para un promedio de 15 personas (ni siquiera estoy segura de tener tantos amigos juntándolos por todas las épocas de mi vida) no me parezca un privilegio excesivo. Mi prima Roxana y yo hemos hecho cosas en nuestra infancia que el resto de niños sólo leen el los libros de Roald Dahl. Hemos paseado por pasillos oscuros y desiertos en un enorme edificio de tres plantas, con su polvo y telarañas leves formadas en las vacaciones de invierno en las que permanece cerrado, patinado en enormes salones de comedor, esquivando las mesas redondas con manteles rosa para las bodas como si fuesen obstáculos, hemos penetrados en oscuras cocinas abandonadas a media noche para entrar en un frigorífico enorme y atiborrarnos de enormes botes de helado con una cucharilla (con la consiguiente regañera a la mañana siguiente si llegan a pillarnos). Hemos saltado sobre docenas de colchones dispuestos en una sola habitación de un lado a otro sin que nuestros pies tocasen el suelo, elegido casi todos los días del menú entre distintos platos, escurrido entre sábanas y papeles y cajas y vajilla y jabones amontonados. Hemos sido las dueñas de una especie de mansión con habitaciones en alquiler sin saberlo. Y nos quejábamos porque es el más antiguo, el que menos instalaciones recientes ha comprado, por las batallitas de "Lorca y Manolete estuvieron aquí", porque no tenía gimnasio como el hotel "Sol", un poco más abajo en esta misma calle...
Pero no sé porque nunca hasta hoy no me he dicho que es el hotel más bonito que he visto nunca. Y sí, es porque yo he vivido en él, y es mío, y siempre va a ser un pedazo enorme de mi vida, aunque al final consigan venderlo. La crisis cae, y cae sobretodos, mi hotel (porque es mío en cierta forma de la que los papeles y las propiedades legales jamás entenderán) el primero.
No sabía lo que me costaría desprenderme de él el día que alguien lo compre y seguramente lo tire para hacer aparcamientos, supermercados, pisos, y derribe también todos esos recuerdos y esos sueños que alguna vez haya tenido dentro. Tantas risas y tanto llanto que me hacen creer que es algo casi inmaterial, indestructible como una idea misma.
Pero lo cierto es que es un negocio que va a pique, y no lo diría si no tuviese la absoluta consciencia de que nadie en Lanjarón (o casi nadie) va a leer esto.
Y cuando trabajo aquí para echar un cable y se equivocan setenta mil veces al decirme el menú que tengo que imprimir y me desespero, tratando de acordarme de todos esos veranos en los que mi tío me llevó de vacaciones, no me hace falta más que echar un vistazo alrededor para saber porque lo estoy haciendo.

5 comentarios:

Carlos Javier Eguren Hernández dijo...

Me ha gustado este post mucho, aunque no debería, o sí, la melancolía a veces es buena y otras malas... Dependerá de quién la padezca.

Así son los recuerdos, buenos o malos, muchísimas veces crueles.

Lo siento mucho.

Sólo espero que como despedida, al menos, se inunde el ascensor de sangre o algo.

Un saludo :)

Misery dijo...

Está en venta, pero aún no está vendido...
Debería, para solucionar deudas, sin embargo, estoy esperando que ocurra antes de la venta algún milagro en plan "lanjarón es el nuevo Marbella, turismo a porrón" xD

Isabel dijo...

Jamas hubiese pensado que sentias lo que he leido. Y yo si que espero que el milagro ocurra, sobre todo por el trabajo y la ilusión que ha puesto tu familia en él.
Recuerdas cuando te decia que el hotel era para mi como una persona, creo que empiezas a entender.

Anónimo dijo...

Has escrito la pura verdad.
Yo me acuerdo cuando tenia 15 años y nos ibamos al Hotel Parque a vivir experiencias parecidas, con la diferencia que tu te has criado en un Hotel. Es dificil el llegar a pensar que un dia no podrás disfrutar de algo tuyo, pero la capacidad humana es enorme. Pienso como Isabel, las cosas tambien tienen vida y a veces se las quiere más que algunos humanos....

Gemma

Cosonezro dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.