sábado, 2 de abril de 2011

El primer fanfiction de Hellfire

Cristina me acabade escribir esto. El primer fanfiction de Hellfire ^^
Estoy tan contenta de que haya gente a la que le guste esto...
Y nada, que me ha dado permiso para subirlo aquí, porque ella se niega. Como veréis, es partidaria del Claire/Dante. Pues nada, aquí va :3

EDIT: Cristina me ha dicho que avise de que hay mucho de su cosecha, porque eso de que los ángeles y los humanos no pueden mezclarse no se da en el original, pero creo que se sobreentiende. Hay mucho de su cosecha y eso es lo más genial :3 (Aquí una que es feliz de ver a sus personajes en manos ajenas xD)




Roma, 1499

A Miguel Ángel le gustaba esculpir sin modelos, rostros sin nombre que durarían para siempre sobre la inmortal piedra. Pero cuando descubrió a aquella muchacha grácil paseando con su familia, supo que aquellos ojos, aquella boca, aquella figura debían ser inmortalizados también. Afortunadamente tenía buenos contactos en la ciudad y no le había costado que posara para ella. Lástima que en aquellos momentos le hubieran encargado la imagen de una casta Virgen María.
Pero se juró que no habría ninguna Pietà más hermosa que la de Claire Lacroix.
Estaba absorto en la expresión serena y dulce de la joven cuando llamaron a la puerta.
-Signor Buonarrotti, su amigo, Dante Vasari, ha llegado. ¿Le hago pasar?
El escultor se giró entre apenado y enfadado.
-Detesto que me interrumpan mientras estoy trabajando… Pero hágale pasar.
Poco después irrumpió en el taller la visita inesperada. De unos 25 años, alto, atlético, fuerte, de melena negra, brillante y abundante y ojos azul cielo, vestido completamente de negro. El primogénito de una buena familia de Roma que le había encomendado varios trabajos a Miguel Ángel. Pese a lo que cabría esperar, Dante Vasari no era un heredero convencional. Había estudiado con avidez la filosofía y la historia, disfrutaba de la buena literatura, sentía curiosidad por los idiomas y componía en sus ratos libres. Además, y para tranquilidad de su padre, era extremadamente hábil con la espada y un jinete en absoluto torpe. Por todo ello, era conocido y apreciado por prácticamente toda la ciudad.
Aunque Miguel Ángel se quejaba de sus inoportunas visitas y realmente cabría esperar que el carácter de un genio del arte no congeniara en absoluto con el soltero más cotizado de la Roma renacentista, Dante tenía un defecto que le concedió la amistad incondicional del escultor: era extremadamente tímido. A Buonarrotti le hizo tanta gracia, que no tardó en invitarlo a su taller para tomar un vaso de vino y enseñarle sus obras. Dante quedó maravillado con las esculturas de Miguel Ángel y disfrutaba con su compañía, por lo que era bastante habitual verle por el taller.
-Disculpe, maestro. Sé que no le gusta que lo interrumpan, pero mi padre me envía para buscar a la signorina Lacroix. La familia Lacroix y la mía se conocen desde hace años, aunque al vivir en Francia son pocas las ocasiones que han tenido para verse. De hecho ni siquiera conozco personalmente a su hija… ¿está aquí?
-Sí, aquí está… Lo siento mucho, signorina, pero como puede ver, no soy el único que desea robarle su tiempo. Mil gracias por posar para mí, ha sido toda una Inspiración, venida del cielo probablemente.
Ella no dijo nada. Se limitó a sonreír y a mirar al recién llegado, que no hacía más que contemplarla embelesado. Nadie lo hubiera culpado. Claire Lacroix era la Belleza hecha carne. Su cabello color caoba recogido en un entramado retorcido de delicadas trenzas, a la moda de la época, su mirada cristalina de un verde intenso y sus labios, esos labios que al sonreír eran capaces de quitar el aliento. Ni qué decir de su extraordinaria silueta, perfecta, sin caer en la famélica figura de las campesinas ni en los fastuosos excesos en los que caían las otras damas. Era hermosa, toda ella y en todo momento. Y Dante Vasari no era de piedra.
Tras despedirse del maestro, le ofreció el brazo y comenzó a hablar en un perfecto francés.
-No tardaremos mucho en llegar, nuestra casa se encuentra cerca de aquí.
-Bueno, tampoco me asusta caminar –permaneció en silencio un segundo, dubitativa, antes de preguntar-. De modo que su nombre es Dante…
Él asintió.
-¿Como el autor de la Divina Comedia?
No era la primera vez que se lo preguntaban. Ni la primera vez que respondía.
-Así es. De hecho, le debo el nombre. Mi padre adora ese libro, le parece el mejor que se ha escrito. Sin embargo, de haber nacido niña, me hubieran llamado Laura. Mi madre siente debilidad por Petrarca… En fin. Esa es la historia de mi nombre. El suyo es muy hermoso. ¿El nombre de su abuela? ¿Una tía?
-No. Me llamaron así porque nací una mañana temprana en la que amaneció soleado. Pensaron que si me llamaban Claire mis días estarían tan llenos de luz como aquél. Prefiero su nombre, debe ser un orgullo ser tocayo de semejante autor.
-Sí. Y el libro es impresionante. Mi padre a veces bromea diciendo me puso Dante para que no olvide que, si obro mal, puedo acabar en el purgatorio.
Claire sonrió misteriosa.
-Yo, en cambio, elegiría el infierno –la sola mención del averno hizo estremecer al pobre Dante.
-¿Por qué decís eso? No he visto jamás una criatura tan angelical, tan celestial como vos.
-Ya. Pero el infierno debe ser más entretenido a la fuerza. La perfección puede ser tan aburrida… -comentó apesadumbrada. De repente se le iluminó el rostro al pasar junto a un callejón. No había nadie. Sin pensarlo dos veces, le dio un tímido beso en la mejilla-. Así me aseguraré la entrada.
Él no dijo nada durante el resto del viaje. Pero antes de atravesar los jardines de Villa Vasari, tomó la nívea mano de Claire y la besó con profunda reverencia.
No necesitaron palabras para saber que se amaban.
…………………………………….

Durante un tiempo, no hubo más impedimentos entre el amor de la joven pareja que la distancia que los separaba y el recato impuesto por la sociedad. No hubo de transcurrir mucho tiempo antes de que Dante, con la bendición de su familia, pidiese la mano de Claire. La confirmación no se hizo de esperar, y con ella, una sorpresa: Claire volvería a la ciudad eterna.
Para su recibimiento se cambió todo el mobiliario de una de las muchas habitaciones de la Villa, se acondicionó todo según las indicaciones del joven enamorado y no se escatimó en gastos. Todo estaba listo para su llegada.
Aunque las familias estaban más que satisfechas con la relación tan beneficiosa entre los dos jóvenes, jamás llegaron a comprender su amor ni a averiguar si realmente estaban enamorados o si todo respondía a meros intereses económicos. Porque al llegar no se dijeron ni una palabra; se limitaron a mirarse a los ojos, a darse la mano un instante, y a emprender el viaje de vuelta desde el puerto de Civitavecchia hasta Villa Vasari.
Aquella noche, Dante despertó sobresaltado al sentir un cuerpo junto a él.
-¿Claire? ¿Qué haces aquí?
-¿Te he despertado? Lo siento… No lo pretendía. Vuélvete a dormir.
Él la miró extrañado.
-¿Es que no estás cómoda en tu habitación? ¿Ha sucedido algo?
Entonces fue ella quien lo miró con sorpresa.
-No, nada. ¿Por qué?
-Pues… Porque… Porque no sé qué haces en mi cama.
Ella se entristeció.
-¿Te molesta que haya venido?
-¡No! Qué dices… No, tesoro. Claro que no. Pero… No sé, me ha sorprendido. Eso es todo.
-Quería estar más cerca de ti. Jamás he podido abrazarte –confesó ella mirándolo a los ojos. Él sonrió en la oscuridad y la luna iluminó sus dientes al hacerlo. La estrechó entre sus brazos y la arropó con ternura.
-Quédate. Pero mañana tendremos que madrugar mucho para que nadie se dé cuenta –ella sonrió complacida cual gata satisfecha-. Te he echado de menos. No sabes cuánto.
-Yo también a ti –pero no estaba dispuesta a claudicar. Decidió ir un paso más allá: cuando hubo cerrado los ojos, le besó en la boca.
Dante ni siquiera tuvo una oportunidad para negarse. En cuanto aquellos labios rozaron los suyos, se sintió transportado a otro lugar en el que amar era solo amar, y no pecado. El pecado debía ser invento de los hombres, sin duda. Ningún Dios le prohibiría la Gloria de sentir los cálidos besos de Claire.
Un par de horas después tuvieron que esconder la sábana manchada de sangre en las habitaciones de los sirvientes.
Por desgracia para ambos, el Pecado no solo existía sino que era peculiar como él solo. La Lujuria de aquella noche no pasó inadvertida a los ojos del Señor del Pecado Carnal, Príncipe de la Lascivia. Asmodeo se retorció de placer en su lecho rodeado de las antiguas vestales que fueron enterradas vivas por pecar. Cuando los griegos las condenaron a morir, él las acogió a su lado.
Pero el espasmo de placer que sentía con cada pecado consumado pronto dio paso a la sorpresa: aquella muchacha no era una dama cualquiera. Era una ninfa, una Diosa. Era la criatura más extraordinaria del universo.
Y debía ser suya.
………………………………………………………..

Asmodeo era erotismo, calor y lujuria condensados en el cuerpo de un demonio, pero por supuesto no siempre había sido. Hacía siglos, tantos que ni se había molestado en contarlos, Asmodeo –entonces conocido por otro nombre- era el hijo menor de una familia de humildes agricultores durante la época de esplendor de la Antigua Grecia. Pero el joven conoció los placeres de la carne muy temprano y en abundancia, convirtiéndose pronto en el terror de su ciudad al haber disfrutado de la compañía de todas las mujeres del lugar. El mismo Lucifer en persona fue a recoger su alma el día en que se suicidó forzosamente para no enfrentarse a la ira de los ciudadanos griegos. Y como recompensa a su pecaminosa vida, le otorgó el honor de ser en adelante Asmodeo, Señor de la Lujuria.
En los ratos libres en los que no se entregaba al placer de las vestales, hacía esfuerzos por concentrarse en jugar al ajedrez contra el Destino. Este último se frustraba muchísimo, ya que Asmodeo se empeñaba en imaginar historias eróticas entre las piezas. Pero nadie más quería jugar con el Destino, así que no solía quejarse demasiado.
-Oye, Destino, ¿para cuándo me dijiste que era el Apocalipsis?
-Uff, aún queda. El Mileniarismo va a llegar… Pero dentro de mucho, mucho tiempo. Y échale otros mil años después de eso… Así que calcula. Un momento… ¿me estás haciendo de verdad una pregunta que no incluye nada obsceno? Asmodeo, ¿te encuentras bien?
-Oh, sí, sí… Solo quería saberlo. ¿No habría ninguna posibilidad de que lo adelantaras un poquito?
-¿Cuánto?
-Digamos que me interesaría que el Apocalipsis fuese inminente, ¿es posible?
El Destino se quedó inmóvil con un peón en la mano. ¿Era en serio? Prefirió contestar como si lo fuese.
-Pues a ver… No, no se puede. Unos días, vale. Meses quizá. Pero lo que estás pidiendo es imposible. Asmodeo, ¿qué es lo que quieres hacer?
Asmodeo suspiró. No dudó mucho antes de responder.
-Necesito separar a una joven pareja de enamorados que ahora mismo vive felizmente en Roma y están a punto de casarse. Tengo que actuar antes de que se casen, porque entonces ya estarán bajo la protección divina y no podré hacer nada. Necesito separarlos y que él se convierta en un ángel.
-Ya. Para beneficiártela a ella.
-No. Para que no tenga otra alternativa más que convertirse en súcubo.
-¿Por qué?
-Las normas del Reino de los Cielos son estrictas: ángeles y mortales nunca podrán confraternizar. Jamás.
El Destino meditó un instante.
-Entonces no tardará mucho en llegar Gabriel y ofrecerle a ella un lugar privilegiado como ángel también.
-No a ella, puedes creerme. Ha pecado, y además ha pecado de Lujuria y con premeditación. Ha declarado que desea ir al Infierno. Solo él podría salvarla. Y eso es lo que pretendo evitar. Ayúdame y jugaré contigo todas las semanas. ¿Qué me dices?
Reflexionó a fondo sobre lo que estaba a punto de hacer: no le gustaba. No porque tuviera que dar explicaciones: no tenía que darlas. Dios era Dios, y Lucifer era Lucifer, pero él era el Destino y estaba por encima de ambos, aunque eso los humanos nunca lo sabrían.
-¿Sabías que pronto Francia y España lucharán por Nápoles, Asmodeo?
Asmodeo sonrió con toda la lascivia que le cupo en los labios y se relamió. Pronto sería suya.
………………………………………………………….

Dos meses. Solo llevaba dos meses luchando, pero le parecían una eternidad. El panorama a su alrededor era desolador, y él mismo se sentía patético y humillado. Aquella guerra ni siquiera era la suya, no comprendía cómo había acabado ahí. Pero poca importancia tenía ya; lo único que quería era regresar sano y salvo a casa, con Claire. La guerra y su forzoso reclutamiento fueron tan inminentes que no tuvieron tiempo para casarse, y en el fondo Dante lo prefería. No quería que fuese viuda al poco de convertirse en su esposa.
La batalla de aquel día fue sencillamente desgarradora. Jamás había asistido a un espectáculo semejante de sangre y dolor. Pensó en Claire y en el Infierno de la Divina Comedia y se preguntó si tal vez la hallaría sentada junto a alguna casa abandonada, porque si aquello no era el Infierno no quería ni imaginar cómo sería.
Estaba herido, pero no de gravedad. Unos cuantos rasguños y alguna herida más seria, nada de lo que preocuparse; podía luchar aún. Lo preocupante era el cansancio, la sed y la desesperación. Solo entonces reparó en la sangre que brotaba de su estómago…
De pronto, divisó una luz no muy lejos de él. Se acercó con cautela, temiendo que pudiera ser el enemigo; pero en su lugar encontró un ángel. No tuvo ninguna duda de que se trataba de un ser celestial, la luz emanaba de su cuerpo como si del mismo sol se tratase. Portaba una espada de fuego en la mano derecha y lo miraba fijamente. Por un instante pensó que había muerto y que iba a ser juzgado.
-¿He muerto?
El ángel asintió.
-Así es. Pero no tiene por qué acabar así. Has demostrado un extraordinario valor, has vivido con rectitud haciendo el bien a todos los que te rodeaban. Dios no va a dejarte sin recompensa, de eso puedes estar seguro. Por eso estoy aquí. Para que decidas qué quieres hacer.
Dante tardó en responder. Estaba muerto. Jamás volvería a casa. Jamás volvería a sentir a Claire en sus brazos.
-¿Acaso tengo opción?
-En tu caso, sí. Puedes elegir entre ir al Reino de los Cielos y descansar ahí la vida eterna… O puedes servir al Señor al igual que serviste a los humanos en vida.
-¿Cómo?
-Siendo un ángel. Luchando contra el mal allá donde esté. Cuidando de los humanos, protegiendo a los que aún siguen vivos. No es una tarea fácil, no voy a mentirte. Ahora la elección es tuya. Piénsalo bien –dijo enfatizando cada palabra-, porque no habrá marcha atrás.
No supo cuánto tiempo necesitó para tomar esa decisión. Años más tarde recordaría aquel momento en el que su vida –su muerte- cambió para siempre.
-Acepto.
La luz se tornó más intensa y ambos desaparecieron.

………………………………………………………………………………………

El médico la observó con preocupación una vez más antes de salir de la habitación. No sabía qué más podía hacer por ella. Había perdido las ganas de vivir.
Desde que Dante murió, Claire no comía y apenas dormía. Su instinto de supervivencia la obligaba a beber de cuando en cuando, pero todo era inútil. Claire Lacroix iba a morir y todos lo sabían. Ella la primera. Dante la esperaría en el Cielo, y los suicidas ahí no tienen cabida; de ahí que hubiera rechazado la idea de suicidarse el mismo día en que recibió la fatal noticia.
Moriría aquella noche. Estaba convencida. Podía sentir su alma abandonarla lentamente, diciéndole adiós con tristeza mientras se marchaba al lugar al que pertenecía. Con Dante. Sin embargo, las cosas no transcurrieron según lo previsto. Aquella noche una figura sinuosa y atractiva irrumpió en su habitación.
Asmodeo, metamorfoseado en forma de Dante, se acercó a Claire y la despertó acariciando su espalda.
-Hola, amor mío… -susurró Asmodeo a su oído. De pronto el filo de una espada se interpuso entre sus labios y los de Claire. Cuando Asmodeo se giró, contempló al auténtico Dante furibundo blandiendo su espada de fuego.
-Ni te atrevas a tocarla –dijo secamente. Antes de que Claire pudiese darse cuenta de lo que ocurría, Asmodeo y Dante se enzarzaron en una lucha de espadas. Cuando reaccionó, lo que veía ante sus ojos se le antojaba inverosímil. ¿Dante, vivo? Más aún, ¿dos Dantes? Asustada, contemplaba la escena inmóvil en la cama.
La lucha fue breve e intensa. Finalmente, ambos filos acabaron en el cuello del adversario.
-¡BASTA! –gritó Claire entre lágrimas-. ¿Qué está pasando aquí?
-Soy un ángel, Claire. He vuelto para protegerte –se adelantó Asmodeo tomándola de las manos.
-¡Claire, no lo escuches! ¡Yo soy Dante! Él es un demonio que quiere tu alma. No lo escuches, te lo suplico…
Claire los observaba confusa: no era capaz de identificar quién decía la verdad. Podrían estar mintiendo ambos. Pero Dante supo reaccionar.
-Lamento que no se cumpliera la profecía de tus padres al darte tu nombre. Sé que no sirve de mucho… Pero tú llenaste de luz y de claridad todos los días que estuvimos juntos –cogió su mano y la beso como el día en que se conocieron. Claire volvió a llorar.
-¡Dante! –se abalanzó sobre sus brazos, pero algo se lo impidió: un espacio de medio metro aproximado entre ella y Dante imposible de atravesar. Dante la contempló con ojos tristes. Mientras, al otro lado de la habitación, Asmodeo reía.
-Ah, necio… Qué maravilloso es ser un ángel, ¿verdad que sí? Alas, espada, poderes… Excepto por un pequeño detalle –hizo una pausa-. Nunca podrás involucrarte sentimentalmente con los humanos. No podrás volver a tocarla a menos que sea necesario para proteger su vida. Y créeme, en pocas situaciones de peligro necesitará que metas tu lengua en su garganta. Oh, qué pena… En fin, así es la vida.
Claire miró a Asmodeo, quien ya se había metamorfoseado en un atractivo hombre de 35 años, con los ojos llenos de rabia. Después se giró de nuevo hacia Dante, que era incapaz de levantar la mirada.
-¿Tú lo sabías? ¿Lo sabías y aun así te convertiste en ángel en vez de esperarme? ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué nos hiciste eso?
Dante suspiró antes de alzar el rostro y mirarla. Sus ojos estaban llenos de lágrimas.
-Para salvarte. No hagas que me arrepienta –estrechó las manos de Claire, temblorosas, entre las suyas; y la obligó a mirarle-. Escúchame bien. Él quiere llevarte al Infierno para poseerte y que seas suya. No debes permitirlo. Vive feliz, Claire. Disfruta de cada momento como si fuese el último. Yo siempre estaré cuidando de ti, y siempre que pueda vendré a verte. Siempre añoraré esa parte de ti, pero prefiero renunciar a ella y saber que tu alma estará a salvo, a esperarte y dejar que un demonio se apodere de ti. No podría soportarlo. Ahora tengo que irme. Pero por favor, recuerda lo que te he dicho. Y recuerda que te quiero y que nunca dejaré de quererte.
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Una vez más, se escabulló con disimulo en el interior de una casa que no era la suya. Allanamiento de morada, según los mortales. Para él, la rutina diaria.
Tenía que proteger a Leonardo da Vinci: varios demonios iban tras él para evitar que pintase un cuadro, la Gioconda, que en el futuro tendría una relevancia enorme en muchos aspectos. En cuáles, Dante lo ignoraba, no era ése su trabajo. En cuanto a los demonios, llevaba poco tiempo al servicio de Dios y por el momento, se había llevado muchas sorpresas. No sabía que la mayor estaba por llegar.
Pudo reconocerla desde la planta baja. Su aroma era inconfundible. Se preguntó al instante qué haría Claire en la casa de Leonardo da Vinci a aquellas horas de la noche. No tenía sentido, no tenían ninguna conexión…. Dejó de darle vueltas y se preparó para lo que viniera. Para todo, excepto para lo que ocurrió.
En efecto, en cuanto entró al dormitorio de Leonardo da Vinci, pudo ver a la súcubo haciendo de las suyas. Maldita sea. Eran demonios eróticos, se valían de la seducción y de la lujuria para que los humanos vendiesen su alma de forma voluntaria. Y “voluntaria” era todo un eufemismo: nadie era capaz de resistir el poder de seducción de una súcubo una vez que estaba decidida a poseer un alma. Aquella lo estaba.
-Déjale en paz y vete de aquí, ¿quieres? No estoy de humor para pelear contra una zorra demoníaca esta noche.
La súcubo se giró y le dedicó una media sonrisa.
-¿Zorra demoníaca? ¿Es ésa forma de hablarme después de todo lo que hemos vivido?
-¡Claire! ¡Asmodeo, eso es jugar muy sucio incluso para ti!
La sonrisa de Claire se hizo más amplia.
-¿De verdad crees que Asmodeo se molestaría en proteger una obra de arte? Esto es para novatos, Dante. Como yo. Como tú.
Dante no quería creerlo. No podía creerlo. Claire, súcubo. Él, un ángel. No podía ser cierto. No después de lo que ocurrió aquella noche.
-Ahora mismo desearías ser Laura, ¿verdad? Y que nada de esto hubiera pasado. Pero ha pasado. Yo soy un súcubo, tú un ángel. Y por lo poco que sé, tenemos que luchar por Leonardo. Así que –de pronto sacó una guadaña del aire y la manejó con facilidad – cuando quieras, estoy lista.
Dos segundos más tarde se abalanzó sobre él, guadaña en mano, y se enzarzaron en una dura pelea. Dante tardó en reaccionar, pero en el último segundo logró esquivar el golpe y defenderse.
-¿Qué te pasa, Dante? ¿Ya no piensas hablarme? –preguntó Claire sin dejar de moverse.
-Luego. Primero tengo que desarmarte y proteger a Leonardo –entonces se dirigió al pintor-. Vamos, escape de aquí lo más lejos posible, ¡corra!
-¡NO! –gritó Claire avanzando hacia la puerta. Pero Dante fue más rápido y se interpuso entre ella y la puerta cuando el artista hubo salido. Claire gruñó de rabia-. Nos vemos en los acantilados de Étretat mañana a las siete.
Dicho esto desapareció.
………………………………………………………………………………………..

Los acantilados de Étretat, por fortuna, eran una buena ubicación para un encuentro sobrenatural. Pese a ser solo las siete, ya había anochecido. Sabía que no debía acudir a la cita. Que debería olvidar y rezar para no volver a encontrarla. Había sido un golpe muy duro volver a verla, pero mucho más lo fue ver en lo que se había convertido. Si ya era difícil su relación siendo él un ángel, ¿qué clase de destino les esperaba, si ahora eran enemigos por naturaleza?
El perfume a rosas le avisó de su llegada. Antes de que pudiera decir una sola palabra ya lo estaba besando. Y sin más, sin decir nada, volvieron a conectar como hacía solo unos meses.
Cuando abrió los ojos todavía era noche cerrada. Gruñó dolorida: no era cómodo dormir desnuda sobre unos acantilados. De pronto se dio cuenta de que Dante ya no estaba a su lado. Lo divisó unos metros más adelante, terminando de vestirse y unos minutos más tarde también lo hizo ella: unos relámpagos los avisaron de la tormenta que pronto se cerniría sobre ellos.
-Eh, ¿a qué vienen tantas prisas? –preguntó ella juguetona intentando besarlo. Él la evitó. Volvió a intentarlo, esta vez acariciando su rostro. Pero Dante se desasió con delicadeza y se apartó-. ¿A qué estás jugando? ¿Por qué no quieres besarme?
Dante suspiró.
-Porque no está bien, Claire. Por eso. No debimos hacerlo.
-¿Qué es lo que está bien, Dante? ¡Nada está bien! ¡Nada debió ocurrir!
-¡Ya lo sé! ¡Pero de todas las cosas que no debieron ocurrir, esta era la más importante! ¡Tú debías conservar tu alma, no alimentarte de ellas!
-¿Y qué más da? Podemos estar juntos. ¿Dónde está el problema?
-Te alimentas de almas, Claire. Y eso no está bien.
La expresión del rostro de Claire se ensombreció.
-¿Qué otra opción tenía, Dante? Te echaba de menos… No podía vivir sin ti. ¿Acaso ya no me amas?
Dante apretó los dientes para ser fuerte y no llorar. Se prometió que no lo haría. Pero el paisaje lo hizo por él. Comenzó a llover sobre ellos.
-Te amo más de lo que puedo soportar. Y me duele en el alma que haya pasado todo esto. Ojalá pudiéramos volver atrás. Ojalá Asmodeo nunca se hubiese fijado en ti. Ojalá tantas cosas… Pero no podemos. Y yo no puedo estar contigo ahora, Claire. No puedo luchar contra ti de día y amarte de noche.
-¿Por qué no? Es trabajo.
Le encantaba la delirante manera que tenía ella de simplificar las cosas. Añoraba ese detalle. Añoraba todos los detalles. Acarició su rostro.
-Sabes, en el fondo de tu ser, que no es así. Que esto no puede ser. Y lo siento, Claire. De veras. Jamás sabrás cuánto.
-Entonces… ¿qué va a pasar? –preguntó ella con voz entrecortada.
-Nada. Yo haré lo que me dicta mi naturaleza… Y tú harás lo que te dicte la tuya. Desearía no volver a verte, porque cuando lo haga sé que tendré que destruirte. Y no quiero.
-Yo… -pero Claire fue incapaz de decir nada, porque Dante le cerró la boca con un beso. Lento, intenso, húmedo, mientras la lluvia les empapaba y se mezclaba con las lágrimas de ambos.
Después se abrazaron. Se abrazaron con fuerza, como si así pudiesen retener al otro. No pudieron.
Amaneció despejado. Cuando ella se despertó, él ya se había marchado.
Dedicó una última mirada al mar y, con un último suspiró, se fue.
-Adiós, Dante.

9 comentarios:

Merak dijo...

Me alegro de que te haya gustado ^^. Hacía mil que no escribía. Ha sido agradable, la verdad.

Para todo aquel que haya conseguido leerlo entero, por cierto, se merece un premio. Más que nada porque es una chufa... Pero bueno, lo he hecho con mucho amor y con mucho sueño. Próximamente el fanfic de la Madre Teresa de Calcuta. Que no se me olvida.

Para quien le pueda interesar: he intentado no cometer fallos cronológicos. Hubo guerra de Nápoles, las fechas de artistas y obras encajan y existen los acantilados de Étratat. Preciosos. Sé que los hay mejores, pero no había ganas de buscar más en Google.

Y qué más puedo decir... Que el mileniarismo va a llegar!!! Un beso, guapa!!

Misery dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Misery dijo...

Perdona, pero esto no es una chufa. Es mejor que el original, no me fastidies xD
Deberías escribirlo tú y yo veranear...

Anteo dijo...

Si es que entre estos tenía que pasar algo xDD Está bastante bien, no tiene la gracia del origal, porque no lo persigue creo yo, y brevemente sitúa bien el contexto. Me han gustado Claire y Dante, fieles a su personalidad y el detalle de Claire, que no cambia bruscamente sino se desarrolla conforme a como era, está genial.

Pd: menos veranear y más escribir *sonido de látigos*

Merak dijo...

Originariamente Asmodeo iba a dedicarse a plantar lechugas por hacer la gracia, pero luego me di cuenta de que no, no encajaba con el resto. Quería contar mi versión de lo que pudo haber pasado entre ellos, nada más ^^ Me alegro de que te haya gustado y gracias por leerlo. Wiii!!

SemielfaMish dijo...

Wow, pues lo veo muy pro, sobretodo después de leer que hacía mil que no escribía O_o Me parece que les da una personalidad muy definida y creíble, y además con detalles reales de aquella época :)
Por cierto, hay que ver cómo triunfas, Misery, ¡ya te hacen fanfics y todo! XD

Misery dijo...

Es más que nada porque es muy amiga mia xD (si no, me temo que poco...)

Shadow dijo...

Me ha gustado muuuuucho! *///*
Muy logrado y con un final triste T.T
Aish, pese a que no soy partidaria de la pareja Dante/Claire ha sido muy bueno ^^
A ver si entre todos hacemos que Marta se apresure con el siguiente capítulo ^^

Aprendiz de Asklepios dijo...

Está chulo, pero como Shadow, no soy partidario del Dante-Claire.

Podrias haberlo publicado tu Cristina!